viernes, 2 de junio de 2017

Alabanzas al desdén

Últimamente al sentarme frente al laptop a ver noticias, a observar mis redes sociales, al leer a los demás, se siente una tragedia colectiva y bastante moderna por problemas que desde una óptica algo crítica y objetiva, se sienten como una trivialidad que pretende llamar la atención ajena al visibilizar sus tragicomedias que mucho tienen en su día a día y que ellos llaman vida. El mundo sufre de mucho caos y ruido, y abonarle sus agobios personales ya resulta a veces desgastante e incluso un tanto asfixiante.

En el afán de la cotidianidad y gracias a la tecnología, nos abrumamos cada vez más fácil de la opinión de los demás y de todo el mundo en general. Antes, el poder divulgar cualquier tipo de información y generar opinión era un placer de pocos, dado que poder llegar a las personas implicaba crear ideas convincentes y requería de un arduo trabajo para poder publicarlas de manera que pudiesen llegar a la mayor cantidad posible de público: el papel cumplía una labor importante en este ejercicio de divulgación y de poder vociferar una opinión para tratar de crear una convicción colectiva. Ahora el tema es muy distinto: en cifras recientes y según varios reportes (internet consolida muchas cifras, pero en un promedio general­) nos indican que más de un 45% de la población mundial tiene acceso a internet; casi la mitad del mundo puede acceder a la red más grande de información. De esa misma manera, la forma que creamos contenidos ha crecido de una forma exponencial, y cada vez más son personas las que tenemos la capacidad de expresar y generar opinión.

Pero generar opinión en la edad moderna a diferencia de los métodos antiguos, como la dialéctica por ejemplo como herramienta para generar conocimiento, se volvió en canales unilaterales donde la verdad es relativa y subjetiva del sujeto quien la emite: las verdades son las que yo así considero y el tratar de debatirlas se volvió en una forma de “agresión” hacia la opinión ajena. Entonces ya no podemos encontrar contenidos algo selectos, sino tal vez un mar de información que debemos aprender a filtrar —e incluso ignorar, porque tristemente el poder de divulgación se volvió el poder de cualquiera— con el objetivo de quedarnos con lo que podemos considerar de más valor. Incluso, espacios como estos, sirven para ratificar esta idea, que podemos todos expresarnos y tratar de crear algún tipo de pensamiento colectivo o de representar una idea que no sea solamente mía sino que tal vez pueda ser común.

Sé que sonará familiar para muchos, y es que en la cotidianidad nos conectamos y nos dirigimos al muro —de los lamentos— del Facebook y nos topamos con muchas publicaciones incómodas: peleas por tratar de defender mi postura radical ante mis ideas; tal vez políticas, religiosas, musicales, sexuales… otras son publicaciones que no agregan más que el morbo por la tragedia real ajena, en forma de fotografías o videos que difaman, o incluso, sádicamente, nos enseña lo peor de los seres humanos y de nuestra hábil capacidad de poder registrarlas con una cámara pero no de poder ayudar en efecto a solventar dicha vicisitud, y por lo general, muchas de nuestras desgracias modernas, algo triviales, sin mayor importancia más que para quienes la sufren pero que de alguna manera, el compartirla nos causa una especie de efecto alentador, porque pudimos gritar en letras en un espacio que efectivamente está abierto para todos.

Nosotros sin querer, también nos volvimos escritores de historias y estamos tratando de hacer llegar nuestras ideas al público con el fin de generar una convicción, como comentaba arriba, pero ¿realmente este contenido es valioso, en la medida que realmente nos puede llegar a aportar algo y les puede aportar algo a los demás? Seguramente muchos reflexionarán en este punto y pensarían dos veces en postear ese video desagradable, o ese comentario ofensivo, o esa sátira disfrazada de amabilidad, o esa idea que debe ser respetada pero que igual agrede a cierta parte de mis espectadores pero que tienen que tragar entero mis post porque así lo creo y así debe ser.

Y es que hay personas que se vuelven expertas en hacer de su vida un drama público que al final, a nadie le importa.

Entre tanta información sin sentido, no solo de las redes sociales sino de los medios de comunicación en general, aprendí a ver que el negarme a recibir cualquier tipo de información se convierte en una habilidad que se desarrolla en estos tiempos de abundancia. Y no es que elogie el hecho de despreciar la opinión ajena, porque eso también nos da la oportunidad de perdernos de algo brillante entre la oscuridad, pero si el de poder ser selecto con lo que asumo será más educador y que tal vez genera más valor, del cualquier tipo: académico, emocional, sentimental, conceptual, etc. Entre tanto facilismo, incluso el poder del pensamiento se ve subestimado ante tanta estupidez colectiva: aunque somos partícipes de poder dirigirnos al mundo entero, no entendemos que ese poder se ha mal usado en la medida que no hacemos nada para aportar algo de conocimiento, de debate o de ideas para nuestros espectadores diarios y constantes. Si tan sólo viéramos la capacidad de las palabras, seríamos más responsables con la información que generamos a diario, pero tristemente la gente no entiende los alcances y el poder de nuestras letras y de nuestra voz.

Así no creamos, las palabras nos generan algún tipo de reacción, positiva o negativa que nos da el impulso al querer aceptarlas o rechazarlas, e incluso odiarlas. Pero entre tantas desgracias políticas, sociales, donde la espiritualidad de la gente se desmorona y perdemos el rumbo a creer en algo que nos aporte amor y fe en la humanidad, no está de más pensar que podemos adoptar una capacidad a recibir información, pero desecharla inmediatamente porque simplemente no nos aportará nada a nuestras vidas: no es que quiera juzgar, porque incluso uno cae en compartir cosas que a lo mejor son personales o que no generan algo más allá que un instante reflexivo, pero si hay cosas que considero que se viralizan porque la gente prefiere saciar una lujuria por lo digerible y fácil de comprender sin esfuerzo alguno, y no porque realmente sea positivo: aquello que sea bueno es algo que no nos daña la mente, que no nos genera algún trauma social, que no fomenta algún tipo de odio o que polarice más la gente. Entonces no debe doler el poder decir “no me interesa” porque realmente queremos al menos, ver mejores noticias que las tragedias y no caer en el superficialismo en que se sumerge los participantes de esta sociedad.

Entonces, como siempre, se hace una invitación a pensar en el alcance que tenemos con cada palabra que podemos emitir y que podemos compartir, en la información que nosotros divulgamos y ver qué efectos, tanto positivos como negativos, pueden tener e incluso, en tratar de pensar en ser nuestros propios espectadores y pensar que nuestras palabras reflejan de algún modo una manera de cómo nos presentamos ante la sociedad: más allá de ser personas individuales, también somos personas profesionales, estudiantes, empleados, hacemos parte de una familia y de una sociedad, y cualquier tipo de grito —escrito o fotográfico— seguramente hará eco en las personas que reciben esa información. Las redes tienen una función, y es la de compartir a los demás lo que somos desde unas imágenes y desde unas palabras: hagamos un buen uso de esa gran oportunidad de divulgación.

miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Qué nos merecemos hoy?

Hoy es un gran día. Celebramos el día internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia: no entraré en detalles porque seguramente en internet existe mejor información acertada sobre esta fecha y si aun así te da pereza consultar, pues ya lo sabes; es el día que celebra que se haya retirado la homosexualidad como una enfermedad mental, de acuerdo a un listado de enfermedades que tiene la Organización Mundial de la Salud, el día de hoy (17 de mayo) en el año 1990. Ando con un poco de trabajo en la oficina pero aun así me animé a darme un espacio, y en vez de estar buscando pendejadas para gastar dinero en internet (estúpido y sensual Amazon), me animé a escribir algo sobre ciertas reflexiones internas y lo que conlleva este día en particular.

Hago un pequeño paréntesis, ya que hace dos días y gracias a la recomendación de unos amigos que viven en Querétaro (México), y que hace apenas también un par de días tuve el grandioso placer de compartir y de visitar —por cierto, los quiero mucho Marcos y Gil—, he podido ver una película que me ha hecho chillar hasta más no poder, y si, acepto ser ciertamente cursi ante algunos dramas, pero este me dejo muchos pensamientos al aire: sobre lo que a veces hacemos en la vida, sobre cómo nos perciben los demás siendo homosexuales—incluso recordando cómo mi familia aceptó en su momento mi revelación de la verdad acerca mi orientación sexual—, de cómo a veces no somos lo suficientemente responsables sobre nuestra sexualidad y de cómo el amor puede ser lindo y cruel en cierta medida. Pero para esta entrada en particular, hablaré sobre el momento de la lucha por defender el respeto como personas iguales ante la sociedad.

En el marco de esta celebración, pensaba en algo que es una triste realidad: nosotros eventualmente somos —como homosexuales, o partícipes del sector del arcoíris—, los que más agredimos a la misma gente que se identifica plenamente (o en secreto) del sector LGBTI (y sus demás letras que no estoy seguro como van pero resumiré en LGBTI). Es una realidad la cual no necesito ir tan lejos, para poder obtener información de odio y de discriminación entre la misma gente: redes sociales. De manera implícita, o bajo ciertos comentarios, tendemos a la crítica que casi nunca es constructiva, sino hiriente u ofensiva en la medida que gestamos odio e indiferencia desde nuestras posturas, que a veces parecen ser las más cómodas y verídicas, pero que sin querer, agreden otras que también son válidas, o al menos, respetables.

La película The Normal Heart habla de una lucha desde muchos contextos, sin embargo, hay una en particular que es por la visibilización —casi explícita— de una comunidad, luchando por los derechos a la libre expresión y a la aceptación que le corresponden a la gente gay: el tema data de los años ochenta, en pleno auge de la euforia por la libertad sexual y que a su vez se empaña con todo el tema del surgimiento del SIDA y de las múltiples muertes que se presentan en ese entonces. Sin embargo, una lucha de derechos se transforma en una lucha por la vida dado que una rara enfermedad está matando a la mayoría de hombres que son gays o tienen relaciones sexuales con otros hombres, y eso pone en jaque todo un movimiento político que pretende defender a los homosexuales por encima de su promiscuidad evidente y su irreverencia social.

Ya casi serán cuarenta años de una lucha política y social visible que tiene como objetivo el abolir y de dar igualdad a todas las personas que se identifican plenamente entre el sector LGBTI, y sin embargo, todavía existe mucho desconocimiento y violencia contra aquellos que se manifiestan abiertamente a la sociedad, incluso, todavía existen países donde el tema es condenable a muerte. Sin ir tan lejos, en un país donde sigue la lucha por reconocer algunos derechos que si tienen las personas heterosexuales, todavía sentimos la fobia y el odio entre nosotros: ¿acaso cuarenta años no son suficientes para aprender que deberíamos ir juntos a una lucha común y es la de hacernos respetar, y no la de irrespetarnos entre nosotros? Tristemente parece que no fuese así.

La verdad va más allá de la homofobia, sino la del respeto por cualquier persona.

Casi que podría ver la película y se siente que las escenas se pueden ajustar a un contexto actual y que el tema es recurrente: somos ignorantes con nuestra sexualidad y los cuidados que le merecen. Ya sabemos con certeza lo que esta rara enfermedad nos causa, y aun así, el frenesí del sexo sigue en pie y pocos son los que realmente miden las verdaderas consecuencias de resultar contagiados simplemente por no tener un cuidado mínimo: las cifras actuales de contagio siguen siendo alarmantes, pese a que los métodos para prevenirla también son bastantes sencillos de usar. De momento, el mejor método para evitar cualquier tipo de ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual) debería llamarse educación sexual y autoestima, porque los condones son fáciles de conseguir. Y si, el tema es concerniente porque querernos y demostrar responsabilidad sobre nuestros cuerpos también es una forma de visibilizar que somos responsables y que podemos amar si nos amamos a nosotros mismos y a nuestros compañeros sexuales.

En un día como hoy, bajo el marco de esta celebración internacional, viendo como muchos publican —me incluyo ahí— comentarios sobre la discriminación, colocando banderas de colores por doquier en nuestras redes y apoyando una idea general, pensaba que no debería ser el único día que pensemos realmente qué hacemos como personas para hacer que nuestros derechos y que la homofobia en sí, no exista, y que apoye la idea de un colectivo mayor, quizá el de todos los que celebran también esta fecha, que es la de no apoyar cualquier tipo de rechazo. Tal vez luchamos socialmente por algo que ni nosotros mismos aprendemos a valorar, porque estamos exigiendo respeto de los demás, pero incluso ni nos respetamos como personas y mucho menos respetamos a los demás. ¿Será que la lucha que pretendemos dar es consecuente con los actos que nos preceden entre el mismo movimiento, y hablando como hombre homosexual, del movimiento gay?

Antes de pensar en tratar de ganarnos el respeto de los demás, miremos si somos capaces de respetar al resto de personas que nos rodean, que emitamos críticas constructivas que den pie a la construcción de una mejor sociedad, que nuestros actos como seres humanos nos definan más que un simple gusto sexual o nuestra apariencia física, que nuestro odio sea únicamente contra el odio en sí, y no contra nuestros semejantes, que la tolerancia y el respeto a la diversidad no sea un tema únicamente aplicable a nuestra orientación sexual, sino desde todas las perspectivas posibles; políticas, sociales, religiosas, educativas, entre otras: seguramente cuando seamos capaces de ser mejores personas y no mejores gays —qué es lo que la mayoría cree que es la lucha principal—, sin duda, sí podremos exigir el respeto por ser iguales a los demás, incluso mejores si es necesario, porque demostramos y respetamos lo diferente.

Obvio que es un mensaje que también se debe aplicar a los que se consideran fuera del círculo LGBTI: personas y familias heterosexuales, pero como dudo mucho que esta entrada la pueda leer alguno de ellos, el mensaje va para ti, compañero diverso, a que reflexiones realmente sobre este día y sobre el paso que debemos dar también nosotros para hacer válido el tema contra el rechazo y la discriminación de nuestros semejantes.

martes, 22 de septiembre de 2015

Tumbando barreras

Desde unos años atrás, justamente para la época en que pude vivir algo de independencia y lejos de casa, empecé a cultivar mi mente en ser más tolerante y en tumbar barreras que uno se crea debido a temas propios de la cultura y de la sociedad donde convivimos. En la actualidad, la sexualidad es un tema que sigue generando controversia y tabú en el público en general, pero la gente dentro del sector LGBT (y las demás letras) deberían ser los que hubiesen madurado la idea de que las barreras de la sexualidad, los placeres y las perversiones son umbrales más y más amplios como la misma mente humana: es de reconocer que con el trascurrir del tiempo y de las generaciones, el sexo y todo lo que conlleva ha superado el simple hecho de la copulación (como acto reproductivo propio de los heterosexuales) para convertirse en todo un mundo de posibilidades en la búsqueda del placer. Sin embargo, reconozco que gracias a las oportunidad de haber conocido nuevas culturas, nuevos países y nuevas perspectivas, me he dado una visión más global sobre la sexualidad y la forma como interactuamos entre nosotros y que aun a muchos todavía les cuesta entender: temas referentes a la perversión y el placer, las parafilias, los poliamores, las relaciones abiertas, entre muchas otras.

Ahora, estando soltero y considerando dicho estado en permanencia, me he dado la oportunidad de dar probadas a ciertos sabores que tal vez antes no había tenido el placer de deleitar: no es una búsqueda mal intencionada sobre el amor o de justificar algunos sentimientos con el fin de conseguir algo con alguien, pero si es el de dar rienda suelta a la picardía que tenía escondida y que tras poder experimentar ciertas situaciones que jamás hubiese pensado vivir, descubrí que a lo mejor me gustan más de lo pensado.

Pero el asunto de todo esto no está en saber qué tanto he podido hacer en el transcurso de mi vida y con quien -o quienes- y cuantas veces lo he hecho, sino en ver que muchas veces nos enfocamos tanto en tildar cuán mal visto puede ser algo diferente a lo conocido, que nos encerramos en pensar que lo básico es lo necesario y que así debemos ser felices, y nos cohibimos en descubrir nuestras barreras e incluso nos autocastigamos si llegamos a considerar que hacer algo más impulsivo puede ser aberrante o degenerado. Y pregunto yo, ¿acaso dichas limitaciones existen por qué nosotros nos las impusimos, o tal vez por qué pensamos que los demás verían erradas dichas conductas?

En una reflexión hecha y dadas mis experiencias y lo escuchado, deduje que la mayoría de veces las limitaciones existen pensando en los demás y sus posibles respuestas: es irónico que todavía en el ámbito gay se piense, por ejemplo, que el gay en una relación es pasivo debe ser el femenino o el menos masculino y por ello entonces debamos sentir la necesidad de afirmar que al menos somos versátiles o activos para no poder en duda la hombría de cada quien. O tal vez que las relaciones abiertas justifican la promiscuidad, usando el término como algo despectivo o negativo: ¿y si así se concibe la felicidad, la estabilidad, la plenitud, y si es un tema que se maneja con responsabilidad y con protección? O también creer que se puede juzgar si no quiere una relación, que quiere una etapa de libertad y de libertinaje si es el caso, ¿y si lo hace consiente, y si las cosas las deja claras desde el principio para no incomodar, para no ilusionar, para ser concretos?

Y eso lo digo desde los ejemplos comunes, porque si empezamos a hablar de perversiones y parafilias más interesantes como las orgias o sexo en grupo, el voyerismo, el sadomasoquismo, el frotismo, el cruising, entre otros el asunto es más escandaloso y con menos posibilidades de hablar. Aunque no soy un usuario experto en dichas áreas y otras ni las he practicado, al menos me tomé la tarea de escuchar y entender el porqué de hacerlo y saber de experiencia de conocedores, que manifiestan que el morbo y el placer es mayor que concibiendo el morbo convencional. Es de entender que la mente humana no interpone límites y que la diversidad permite explorar diferentes formas de sentir y de percibir el placer; pero lo triste es que la misma mente humana a veces se limite en creer que solamente lo convencional y lo políticamente correcto es lo aceptable y tachamos lo demás como aberrante.

Estos días comentando mis experiencias con algunos amigos y compañeros, se sorprendían y algunos se escandalizaban al creer que uno pueda llegar a hacer cosas que tal vez son inimaginables. El hecho es que si es posible, pero muchos anteponían el tabú social y su manifiesto de pensar que ellos son más sanos al ser más tradicionales, como si fuese entonces que uno fuera enfermo al poder acceder a una práctica no tan común o no aceptada según lo establecido socialmente. He pensado que nuestra cultura es muy tradicionalista, mojigata y también heterosexista: con las tradiciones de por medio, los temas de la religión y parte de la cultura machista, gran parte de la sociedad consideran aberrante el sexo entre dos hombres, y alguna parte de la comunidad gay también lo considera así, por cuestiones de tener una doble vida o de defender la masculinidad (vista desde una posición heterosexual). Entonces pensemos que de ahí en adelante lo demás será considerado incluso escatológico, como hubiese dicho alguna vez un Senador Colombiano de una plenaria del Senado.

El problema, como la mayoría que existen y giran en torno a estos temas, es por falta de tolerancia y de conocimiento: obvio que acá no pretendo aprobar o apoyar una u otra práctica, pues realmente es quienes se atreven a vivirlas los que pueden juzgar con criterio sobre qué tan bueno o no fue, además de que cada percepción es tan subjetiva que tal vez lo que para uno fue absolutamente placentero para el otro fue totalmente desagradable. Sin embargo, si invito a pensar un poco antes de juzgar sobre estos temas que para algunos serán novedad, o para otros es un tema común y corriente. Pero no está de más, ver que nosotros somos humanos y tenemos una razón inminente, pero también contamos con esa animal llamada instinto, aquello que impulsa y motiva a complacer -si se puede definir así- ese lado carnal de cada uno de nosotros.

E igual, el tema más allá de hacer o no, es a ser comprensivos, y si al menos no nos interesa en absoluto, es el de no lapidar o insultar una idea que parece diferente, si justamente nosotros -esa inmensa minoría- ya no somos tan comunes que los demás. Eduquemos a ver la diversidad como una gran propiedad humana y disfrutemos todo el abanico de oportunidades para satisfacer nuestro cuerpo de una forma diferente y de poder vivir nuestra sexualidad: tal vez la falta de amarnos y de aceptarnos y cuidarnos y de disfrutar a plenitud es parte del gran problema social referente a la intolerancia y al odio entre nosotros mismos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cuestión de perspectiva

Me encontraba muy relajado en el turco del gimnasio estos días y los diferentes usuarios que discutían trivialidades en este espacio empezaron a tocar un tema que me sacó del letargo en el cual estaba inmerso.

El diálogo empezó con un tema de delincuencia que ahora está común en esta ciudad: robos en el sistema de transporte público por parte de gente que realmente no aparentan ser ladrones o gente peligrosa; ancianos, menores de edad, gente muy arreglada o con apariencia agradable. Pero entonces hablando de las impresiones de la gente, se cambió el tema por algo que vieron ese día, sobre como en unos países lo que puede ser castigable, acá no lo es, o lo aceptado en unos sitios acá no es permitido, y viceversa. Entonces hablaron de seguridad, de cómo en unos países donde se aceptan cadenas perpetuas y penas de muerte no hay tantos criminales y los sistemas de justicia funcionan mejor... El asunto llamó mi atención cuando uno de los partícipes tocó el tema de la homosexualidad.

Era evidente que este tema es debatible, y no niego que guarde un silencio prudente pues quería saber qué piensan aquellos que no saben tal vez mucho –o nada– acerca de esto. Aunque las opiniones fueron divididas, hay temas muy acertados y otros errados a causa de la ignorancia, o es producto de una impresión que tienen con respecto a la imagen que venden los medios de comunicación sobre cómo debe ser un gay en este país.

A favor, muchas de las opiniones fueron acerca que los homosexuales son personas que tienen derechos como cualquiera y "desde que no se metan con uno" todo está bien. Me da risa que ellos, la mayoría de los hombres o mujeres, tienen aún ese prejuicio de que los gays son personas que buscan violar a otras sin importar su condición o algo así, porque ese "no se metan con uno" es por favor no nos toquen ni nos transgredan porque nosotros si somos seres rectos y que nos gustan lo que naturalmente nos debería gustar...

Otro señor hablo sobre lo difícil que debe ser para "esas personas" llevar una vida pues son gente que promueven el desorden y no ayudan con el progreso de una sociedad correcta. Además apoyó su tesis con el hecho de mezclar la homosexualidad, con las prostitutas y con los drogadictos como si fuesen un problema social, además que indicó que existen ciudades donde evidentemente rechazan todas estas malas conductas porque quieren preservar un bien común. Sin embargo ratificó el hecho de que somos libres y que cada quien hace con su cuerpo lo que desea.

Una señora aportó que no pensaba en que fuese algo malo, porque es difícil juzgar a las personas por cosas que tal vez gracias a situaciones ajenas los llevó a tomar dichas decisiones y estilos de vida; hay algo rescatable si es un caso de abuso de drogas o de prostitución forzada, porque evidentemente es un problema cuando la sociedad empuja a una persona a ser delincuente y a no tener oportunidades de educación para que no sean malandros y así lleguen a tener contactos con vicios e igualmente para las niñas o mujeres que no vieron otra opción porque les tocó, o su familia las empujó o porque las obligaron realmente. Pero aun así, la homosexualidad también se sigue percibiendo como un tema donde se nos obligó o nos tocó vivir situaciones ajenas a nosotros las cuales nos llevó a tomar la decisión de ser gays; son muy pocos, pero minúsculos los casos que yo conozco donde tras vivir algún tipo de situación perturbadora, hayan desencadenado la idea de que la homosexualidad era la opción de vida adecuada o correcta. La mayoría –como yo– aceptaron la identidad sexual después de ver que les gustan las personas del mismo sexo como les gusta comer un helado de chocolate o de preferir los días frescos y no soleados: no tiene nada que ver con algo anormal a cada uno y simplemente son gustos particulares; es difícil de explicar con palabras el porque me gustaría más el helado de chocolate y porque prefiero los días frescos por encima de cualquier otro tipo de día.

Hubo un compañero del gimnasio, un caballero con el que he conversado bastante que hizo una intervención particular y como decía al principio, es difícil pensar que la gente opine algo así porque uno no cree que la gente tenga impresiones erradas de asuntos que se niegan a conocer pero que creen que pueden criticar: este caballero aportó que no conocía a nadie así rarito y que de verdad es muy fácil darse cuenta de ello porque eventualmente es gente que se la pasan encerrados en peluquerías o si no es porque se visten raro y hablan así amanerados y se contornean como si quisieran de alguna manera llamar la atención. Él no veía necesario tener en sus conocidos gente tan desagradable como ellos, porque qué dirán los demás si lo ven hablando con alguien así (carcajadas...)

Y es que en temas de diversidad, todos somos iguales, sin importar cualquier forma de pensar.

Mi intervención cerro el tema pero también ayudo a cambiar un poco la percepción, porque igual, la mayoría de los presentes eran caballeros con los que me saludo cuando voy a entrenar y es evidente que me tratan de igual, de forma amable y agradable, como si fuese uno de ellos –un heterosexual más de la manada–.

Dicha intervención fue algo como:

¿Saben una cosa? Juzgar a veces es fácil porque la gente, tal vez por ignorancia o por desinformación, no ven que hay algo más allá de lo que parece evidente u obvio. Y digo esto porque pensar que los gays, como yo, somos personas que no aportamos o que somos raritos o que estamos enfermos, es una opinión popular y puedo aludir a que se debe por un tema de desinformación. Verán, tal vez soy el más joven acá entre ustedes (mirando a los 5 caballeros y a la señora presente), pero no significa que sea el que menos haga o el que no pueda llegar a aportar algo a la sociedad. Y es que sí, soy así, pero eso no me quita el hecho de ser un empleado, amigo, novio, hijo, así como muchos de ustedes. ¿Ustedes se imaginan si tal vez fueran juzgados por algo que para mí está mal pero que para usted está bien? Pues eso supone que es lo que pasa cuando veo que la gente piensa que uno sólo puede ser una loquita o un peluquero, que al igual es un oficio y no es exclusivo de los homosexuales. 
Miren, yo tengo 26 años recién cumplidos y soy un empleado en una empresa cercana de acá y trabajo como ingeniero de software para una subdirección de negocios, tengo dos títulos encima, también soy hijo de dos padres que están muy orgullosos de los triunfos y éxitos que he aportado a casa y soy hermano de otros dos hombres que también son profesionales y pronto seré un estudiante de una especialización, y soy amigo de gente así como yo, pero también de gente que tal vez nunca han tenido la necesidad de preguntar como soy porque me ven igual a ellos, así como ustedes hasta hace poco. E igual, todo lo dicho anteriormente no me define; solo soy yo, que como ustedes, cada uno con sus vidas y con sus familias y sus labores y sus problemas y sus gustos y disgustos y sus alegrías y tristezas, somos humanos: somos iguales. Incluso, para ser exactos, salvo por ese incómodo asunto, creo que ninguno acá pensaría que soy diferente, porque he tenido el placer de conversar y de saludar y de entrenar con ustedes y creo que no fui rechazado al ver que soy como ustedes: alguien más. 
¿Saben? Espero que tras estas palabras las cosas no cambien, porque en efecto esto no podría cambiar nada; a lo mejor son simples percepciones las que tenemos hasta que alguien llega y nos hace ver cuán diferentes son los mitos que nosotros tenemos sobre un tema como este, a como es en realidad. De que los raros así como yo, somos gente real, de carne y hueso, que piensan, que sienten y que bueno, les pide un permiso de acá porque se va a derretir si no sale ya mismo de este sauna (carcajada…)

Tal vez fue una reacción precipitada, tal vez esas carcajadas de ironía me dieron valentía, e igual tampoco me importó mucho porque es pocas las veces que voy ahí y por unos cinco que me miren mal no vi problema alguno, ya que es evidente que a ese gimnasio son más los gays que asisten que los mismos héteros que andan por ahí entrenando.

...

Mientras tomaba aire en la silla de la sala de espera entre el turco y el sauna ya listo para salir, aquel caballero con la intervención algo errada se acercó a mí y con cara de curioso y asombrado tomó una silla y se sentó a mi lado. Tal vez no sabía que iba a decir, pero su respuesta en resumidas fue la de gracias. Y las gracias fueron por darle una clase de educación, por hacerle ver que estaba errado y porque también no pensó que al hablar por hablar en efecto se puede herir, se puede ofender o se puede juzgar sin razón alguna. Me dijo que no importaba como fuera, que la verdad cambiaba por completo una percepción ya anticuada pero equívoca sobre los demás y que tenía muchas cosas que aprender porque a lo mejor cometió antes la misma imprudencia pero con la diferencia que a lo mejor no le habían enfrentado con argumentos igual –o más válidos– que los expuestos por él.

Así, complacido por dichas palabras, quedé tranquilo porque en los siguientes días no pasó nada y todo siguió su rutina, y aunque acepto que es difícil cambiar las mentes más maduras con ideas arraigadas, no está de más que puedan al menos percibir de mejor forma a aquellos que tal vez son un poco diferentes a ellos, un poco más diversos…

miércoles, 6 de mayo de 2015

Mea culpa

Estos días me senté a escuchar historias de amor y de desamor: todos acá hemos pasado por el trance de vivir en el tiempo necesario, momentos de nuestras vidas muy dulces o muy amargos. Sin embargo, me puse a reflexionar sobre mis propias experiencias, tanto lejanas como recientes y evidencie muchos elementos comunes de los cuales quiero escribir hoy.

La gente en las nuevas tendencias hacen de su vida un elemento de uso público; espacios como estos, la tecnología, redes sociales, apps de social media y eventos donde las comunidades hacen de los grupos de personas un guetto, hacen que la vida en si se vuelva un elemento de divulgación. Todos tenemos derecho a expresar de manera libre los sentimientos que nos acogen, como una medida de recibir un aliciente por parte de los demás y como medida de ver los puntos de vista; nos importa la opinión ajena. Incluso este simple ejercicio de publicar nuestro pensamiento quiere despertar un debate así sea con una persona para llegar a una tesis, o encontrar una opinión opuesta y debatir hasta concluir: es un ejercicio inherente de los seres humanos el de llegar a conclusiones, así sean subjetivas y erradas en algunos casos. Nuestras verdades nos pueden sesgar la forma de ver las cosas: cuando nos ensimismamos sobre la verdad propia y no sobre una verdad objetiva.

Retomando el asunto de las historias propias, descubrí que hay elementos que pueden mostrarnos el futuro anticipado de un “desenlace amoroso” cuando empiezas a conocer a alguien. No es sano, pero a veces las mismas personas en su afán de mostrarles al mundo su dicha -o desdicha-  comenten un error y es el dar a entrever como son realmente después de una bella historia de amor. Las redes son un arma de doble filo en la medida que mientras más alimentas en ellas tus sentimientos, más se puede uno documentar sobre tus tendencias, ver tus formas de pensar, tus posturas ante la felicidad, la tristeza, la desdicha y los demás sentimientos que surgen a causa de una relación: es como leer un guion que te volverá predecible porque siempre emites el mismo juicio.

¿Acaso todo lo que decimos y publicamos realmente es lo que sentimos?

Miré al azar varias personas -debo aceptar que no tenía sueño y me entró curiosidad ver sus diccionarios amorosos-, además de recordar muchas anécdotas ajenas y experiencias propias para concluir estas definiciones propias del amor y del desamor común:

“Yo te quiero”: El día de hoy se besaron y ahora te quiere coger duro porque saben que esa persona ya puede ser para ti. Es estar con esa persona después de la primera cita y hablar sobre los sentimientos tan bellos que tienen cada uno, y son tan comunes y predecibles que podrían ser "especiales". A lo mejor saben que tienes un gran futuro, y te quieren a tu lado -porque te quieren a ti, pero también quieren tu dinero, tu carro, tus amigos, tu vida- por mucho tiempo. Por increíble que parezca, te demostró ser diferente a los demás -bah- y puede ser el candidato a mostrar a la sociedad.

Eres mi felicidad”: Para algunos, es estar con esa persona comprometida en una red social y darles a ver a los demás que el amor de tu vida llegó.  Es salir a comer, a ir a un evento, a algún sitio concurrido y que sepan que no estás solo, que te vieron feliz agarrado de la mano con alguien, así apenas se conozcan un par de días. Es publicar canciones que dicen demasiado pero que pierden su valor porque a lo mejor las letras dicen mucho, pero la realidad no tanto. Es saber que pasó una semana desde que se conocieron y ya se prometen una vida entera. Es cuando la otra persona se empieza a esperar con detalles simples que te entusiasman y que te revelan que el tipo puede ser amable contigo.

“Te amo”: A lo mejor a los días algo le disgustó al otro y no supiste usar otro comodín para pedir perdón de una manera sutil. Es ver que no te funcionan los trucos de siempre y quieres amarrar a la persona a tu lado, porque no te pueden ver solo nuevamente, no al menos en tan corto tiempo y después de decir que lo querías. Es salir a una cita común y corriente donde pudo haber comida simple o palomitas y gaseosa, o un par de besos y después la “supuesta química” ayudó a propiciar esta palabra tan mal usada. Es saber que tu relación ha durado más del pronóstico común -un mes, dos meses tal vez- y sientes que es quien te convence de ser el apropiado para ti. Es demostrarle a él que saber usar esa palabra para coger el atajó rápido a su corazón, haciéndole ver que sólo lo dices porque estas convencido de ello -así se te haya salido por error y ya tengas que justificar esas palabras-.

“Gracias por entrar a mi vida”: Pero no le diste otra opción: tras invadir su vida, sus espacios, todo de él, quieres que sea alguien incondicional, que de paso al lado de todo lo que ha hecho en su vida para que se enfoque en ti. A lo mejor es literal y tú eres el pasivo y bueno… él supo entrar. Lo convenciste que él necesita de ti, y que ahora todos verán cuán felices son y que durarán por siempre.

“¡No sé qué pasó!”: Pasaron apenas unos días más y descubriste que era un imbécil más, del montón: no te supo complacer en todos los gustos que tenías. No aceptó tus mil errores, los cachos que le pusiste en esa fiesta, que morbosearas a más tipos, que no te invitara a todo lo que hacías, por no dejar que se embebiera en tu vida por completo. Fue descubrir que el amor era efímero y que el sexo no fue suficiente, o porque justamente era un mal polvo -porqué tú eres un semental-. Es ver que te dejó por alguien evidentemente mejor, o simplemente por nadie más, pero los demás no pueden saber eso, así que hay que echarle la culpa ante los demás porque no toleró tu mal genio, tu desaseo, tus sentimientos impulsivos, tu desorden, tus vicios, tu falta de respeto: así dijeras que tú eres el ser perfecto para alguien, porque vales mucho -más que un billete de mil-.

“Yo soy muy maduro”: Eres mayor de edad, o ya casi tienes la cédula y eso te hace alguien experto de la vida. Miras hacia atrás y todas historias han sido un fracaso, pero la culpa es de los demás porque siempre te dejaron, o porque no supiste encajar en ellos. Eres bueno para criticar por criticar sin argumentos las vidas ajenas pero no ser capaz de verte al espejo, reconocer tus errores y corregirlos. Es ver que alguien no te presta atención o te ignora y eso lo hace menos que tu -porque tal vez en efecto eres menos persona que el otro-.

“Es que todos son iguales”: A lo mejor tú eres el mismo de siempre, por eso siempre piensas lo mismo, todas las veces, todos los intentos, con las mismas palabras, las mismas frases, las mismas indirectas… pero que culpa si no te saben comprender. Nadie te supo llegar hasta los talones -porque no pasas de ahí y es imposible sobrepasar algo que no existe-. Siempre diste lo mejor de ti, porque eso deben saber los demás, que tú eres lindo, sincero, amable y que tienes mucho por ofrecer: problemas, peleas, conflictos, estrés.

“No voy a cambiar”: Y no lo harás porque no te puedes adaptar a los cambios, a ser mejor persona, ser mejor humano, ser alguien diferente, porque los cambios cuestan y mucho. No vas a ceder, porque qué tal, ellos tienen que saber que tú eres así, y si les gusta bien y si no, de malas. No piensas dar más de lo básico y necesario por alguien, así esa persona si pueda dar más de lo justo, más de lo que mereces, o más de lo necesario así no sea evidente.

“Yo si quería, pero él no”: Tenías que durar más, porque la sociedad es dura, y que te vean solo es una pena, no puedes aceptar que eso pase y bueno, el remedio es decir que esa persona siempre te falló. Tu querías que durara más, porque faltaron más fotos de risas necesarias, falto que te vieran más personas, falto demostrarles a los demás que por muchos defectos supiste engañar y lograr atrapar a uno más, pero sostener tantas buenas impresiones es difícil, más cuando te sobran los defectos y en un punto son evidentes, y el otro sólo tiene que escapar de ti, porque no te soportó, se cansó, no podía sostener más el peso de la decepción.

Hay un afán por demostrar tanto, que en los intentos caemos y nos cuesta mirar a los demás alrededor. La gente en su afán de destruir y juzgarte, se fija en qué fue lo que pasó, pero no te dan la mano para que te levantes y sigas adelante. Pero el hacerles ver que eres feliz sea como sea, te hace rodear de gente que ni necesitas, haces cosas más por visibilizarlas antes los demás que ante quien deberías mostrarle cuanto puedes dar. Y cuando caes, ahí si quieres desaparecer, y si es muy tarde, lo fácil es culpar al otro, porque pocas veces somos capaces de aceptar que somos humanos, y que cometemos errores y que también nosotros nos equivocamos.

Es triste cuando la gente en su volatilidad cambian de estados y de opiniones rápidamente.

Todos con la sensación de llenar un espacio en nuestras vidas lo hemos hecho, pero no podemos hacer las cosas por darles a ver a los demás algo que simplemente es un interés de dos. Las falencias como los aciertos existen en todos los intentos de relación, pero en ambos casos no podemos crear ese ambiente de “felicidad eterna” para que los todos lo aprecien y después retratar la “tragedia épica” por una persona que te fallo o que no te supo llegar. Al final, quien queda mal eres tú, pues suenas a una persona que no supo manejar la situación y merece hacer ver los defectos del mundo al otro para intentar salir bien librado.

Es triste, pero la tarea por hacer es esta: la de ver siempre que tienen por decir, lo que te cuentan sobre lo que pasó antes, y bueno, tal vez con algo de concentración podrás ver más allá y darte cuenta que el no siempre es perfecto, sino que es tan imperfecto que los demás no le dan la medida necesaria para comprender su vida. A lo mejor el truco está en aceptar en tu vida alguien que se muestre imperfecto, con sus virtudes y errores, porque dicen que en el verdadero amor, tú te enamoras de sus defectos, porque esos son los que hay que saber tolerar, manejar y comprender.

domingo, 3 de mayo de 2015

Entre líneas

Últimamente no he hecho otra cosa a medida que distingo nuevos perfiles en línea desde las diferentes opciones que se ofrecen en el actual boom de redes sociales, es la de tratar de descifrar algún tipo de código o patrón que me permita entender lo que dicen y escriben las personas ahí versus lo que realmente hacen en su vida real.

Tras volver a los espacios de puteo socialización que existen por la Internet, recordaba cómo es volver al ruedo y tener que encontrarse con el a veces simple -pero complejo- asunto de tratar de interactuar con los internautas sin salir despellejado y odiado al no poder complacer satisfactoriamente las necesidades de la gran mayoría que hay ahí, o cargado en hombros si lo que dijiste e hiciste justo dio en el clavo del otro (literal).

Me puse a revisar la mayoría de interacciones que tuve en estos días, así a simple vista y a vuelo de pájaro y considere que este tipo de "cortejo" virtual sigue sistemáticamente unos pasos, a saber:

1. El más común y más evidente es la típica entrevista "laboral" a la que todos nos sometemos cuando empezamos a chatear con alguien. Me parece cómico y lo asocio a una entrevista, pues cuenta con los ingredientes propios de una reunión de esa índole: una hoja de vida (llámese perfil) que reúne en resumen algunos elementos propios de quien se va a someter al proceso; una foto principal, edad, características importantes a considerar (estatura, peso, complexión, color de ojos y de cabello, situación sentimental...), el rol (importante), a veces también considera el trabajo que tienes, sitio de vivienda, disponibilidad, idiomas, entre otros que varían de acuerdo a la página donde se consigna la información. Yo creo que los que han tenido una entrevista de trabajo, saben a qué me refiero con tratar de tener un perfil actualizado con el fin de poder ser más llamativo y así poder lograr tener el "empleo de ensueño", o de lo contrario tristemente no será considerado para el cargo.

2. Ya superada esa primera (y casi importante) etapa de preguntas filtro, estamos en esa bifurcación que decide si el perfil interesa y sigue el proceso o se queda hasta ahí por no cumplir todos los requisitos. De acuerdo a la necesidad, varían las entrevistas, pero todas llegan acá; una afirmativa a la pregunta  "¿Tienes Whastapp?" es un sí rotundo a una oportunidad  de seguir con el proceso de selección (nótese la emoción cuando te llega el número telefónico y que sea real, claro está).

3. En una charla más privada, se explica con más detalle el motivo de lo que se quiere lograr acá. A veces pensando que lo mejor está por venir, puede que suceda algo milagroso y puede que se cumpla donde se digan cosas agradables y donde se empiece a conocer a una persona que pasó de ser un entrevistado a alguien más agradable. A veces la sorpresa es grata, porque en efecto logramos traspasar la barrera del cliché y llegamos a conocer alguien sumamente interesante… ¡Casi un sueño!

4. La decepción llega a medida que lo que uno creía que podía ser algo especial, tal vez cae en el círculo vicioso de preguntas tontas y de historias de fantasía que pretenden alimentar una convicción casi floja de lo que desean. Es cómico ver que todos buscan amor, príncipes azules, historias de Disney con finales felices, incluso, también está los casos de buscar sexo, “quien me clave rico hoy”, pero la verdad ni para eso a veces logramos llegar a ser convincentes. Qué necesidad tenemos de inventar y de tratar de recrear pasajes interesantes si el final será tétrico y patético, porque así somos y tenemos que disfrazar las intenciones con lindos eufemismos.

5. Y así, tras tener una incómoda charla que duró lo necesario, vuelve a quedar en silencio el espacio virtual donde empezamos a conversar. Muchas personas se quedan ahí, a veces no necesito que pasen del perfil porque es evidente que lo que buscan es algo tan grotesco como las fotos que los acompaña. Al final, pensé que el error está en buscar algo que puede que simplemente, por acción espontánea, pueda llegar a surgir.

Nos entregamos al tiempo y al ocio de dedicarnos a gastar parte de nuestros minutos en personas que nos parecían agradables y que al final se limitan en quedar como simples perfiles que tal vez ni si quieran puedan ser reales. Pero qué más da, si al final de cuentas la libertad de las redes no propone reglas estrictas sobre cómo deben ser las dinámicas sociales. No necesito ver la gran cantidad de charlas –sin alardear- que tuve para ver el mismo patrón: preguntas, whatsapp, emoción inicial, decepción evidente, final.

Sin embargo, como todo no puede ser decepcionante, puedo alardear que de toda esa cantidad son muy pocos los que realmente te sorprenden. Tal vez de momento no hay mucho que decir, el inicio es más que un paso para muchas cosas que pueden pasar en el camino. Sin embargo, es agradable creer que aunque existen distancias, o charlas cortas, hay personas que te sorprenden. No se necesita ser un genio –tal vez un ingeniero jeje- para lograr captar la atención de una forma diferente a las demás. O a veces no necesitas estar acá al lado, para demostrar desde la distancia que lo diferente puede ser lo único interesante, que no necesitas de fotos raras, de comentarios soeces, de ideas trilladas, para sentir que es algo especial.

De momento me siento tranquilo, con la oportunidad de poder creer que hay gente diferente allá. No significa que sea algo pasajero, o que tenga que ser eterno, pero la diferencia vale la pena rescatarla.

jueves, 9 de octubre de 2014

Kitsch osuno.

La dulzura de poder estar en cama sin preocuparme de usar el laptop para otras cosas que no conciernen a uso laboral es deleitable. Divagar entre espacios y páginas, leyendo y recordando momentos me transportaron en un flashback de recuerdos donde las memorias acá presentes son parte de esos garabatos mentales. Y como no poder olvidar lo que alguna vez fue mi hijo y mi gran idea; Bogotanosos.

La imagen de un trabajo personal hecho realidad.

Mientras repasaba unos libros de Juan Ernesto Artuñedo (Peluche y Cazador) me acordé de esas historias dignas de recordar donde yo y el drama era el protagonista principal. Hasta recordé una entrada emotiva llamada Criticamos y no aplicamos donde mi reflexión estaba dada a pensar en las ideas colectivas sostenibles por los mismos partícipes; pensé que podría ser una realidad en la medida de que los miembros y partícipes fueran capaces de llevar a cabo una labor más allá de simplemente ser espectadores: ¡pero qué va!.

Hoy un compañero me recordó muchas de esas cosas y pensé que después de un tiempo y ya casi un año desde que tomé la distancia prudente a una serie de hechos que fueron bochornosos y escabrosos donde el colectivo se acabó y me fue arrebatado de las manos por un personaje cuyo final fue más abrupto y cruel que el mío, era digno ver desde la distancia que tomé que había sucedido con esa idea que alguna vez fue mía pero que ahora no se en manos de quién está. Y no me es difícil encontrar el espacio que se creo entorno a esa gran idea, pero hasta pensaría que lo encontrado es más triste que lo que podía pensar: una idea barata y carente de lo que fue...

Cuando el colectivo se creo nació como una simple idea pero que tenía un objetivo de ser la mejor posible. No era cuestión de inversión, pero si de un trabajo admirable que sobresaliera frente a lo común o poco que había en ese entonces. El trabajo dedicado era enorme, además que giraba entorno a dos cabezas que pensaban -hasta ese entonces- en que siempre tenía que ser grande lo más mínimo. Ahora, revisando los pobres vestigios de esa idea me choco con que son ya del montón. Y no podría precisar que las idean en sí lo son: no son capaces los creativos (pienso en creativos en los que se encargan de publicar las cosas en su grupo virtual, porque dudo que tengan creatividad) del espacio en dinamizar nuevas ideas que pudiesen llamar la atención de gente que fuese valiosa al grupo, sino que se conformaron con ofrecer lo mejor que resultó de las versiones pasadas y prostituirlas para sacar provecho de la mejor forma posible.

Si algo no acepté en el entonces grupo mencionado es que cayera en el estereotipo, sino que fuese una idea muy típica, resaltando elementos propios pero sin necesidad de llevar al extremo la idea de que la "comunidad osuna" se disfrazara de "osos", pues como mencionaba ya hace unos años, acá esos fenotipos son difíciles de conseguir: supongo que la supervivencia lleva a pensar en que lo mejor es lo popular. Además es irrisorio ver como las personas que en ese entonces odiaban la idea por no sentir que fuesen propios de ella, ahora incluso abanderan la causa pues cumple con las expectativas que ellos consideran son las verdaderas metas de ese colectivo.

Sonará denigrante, pero basta ver una foto de su nuevo "colectivo" para ver en ellos gente que no vale la pena ni de tener como conocidos: todos unos expertos sociópatas donde consideran sentirse cómodos en la medida que ellos están pero que en la distancia son destructores implacables, fuera de la vulgaridad de muchos de ellos por no tener remedio a su descaro de ser no menos que ladrones, o vividores o estafadores. Claro, yo soy humano y en esa idea falle tanto como pude, pues al fin y al cabo era mi idea y tengo que llevar en la espalda el estigma generado post mortem del grupo. Pero bueno, robada la idea y transformada en lo que sería un "paraíso osuno" de quien fuese mi mejor amigo, se convirtió en una idea barata y rentable, de fácil digestión y de satisfacción garantizada. Entonces, así mismo se plagó de gente que no se podría definir como menos algo que despreciables.

Los personajes que en su momento lapidaron la idea porque generaba esa controversia, ahora pasaron a ser partícipes pues comenzó a satisfacer al montón: la gente que criticaba lo hacía porque sabía que había razón y había debate y generaba conflicto de ideas pues era diferente. No más con ver a quienes pasaron ser los nuevos "mandos" para ver gente que en su momento y palabras casi textuales decían que eran personas "...que no tenían tiempo para grupitos y maricadas..." pasaron a ser los supuestos genios de lo reciclado. Y después de un aparatoso final para mi ex-amigo con un manifiesto público donde lo dejaron ver no menos como un ladrón vulgar, el nuevo y tercer intento del grupo ya es un montón de sobras de lo que fue alguna vez mi aclamado y odiado Bogotanosos.

Supongo que algunos lectores verán en mis palabras un tinte de resentimiento o de odio generalizado -ya por ahí me lo han dicho a priori por manifiesto de mis ideas-, pero no es así. La reflexión está dada a que tenía que dejar un manifiesto personal, con el fin de reírme de esto unos años después cuando lo vuelva a leer, pero más con el motivo de hacer ver que las ideas recicladas pueden pegar pero son para la gente del montón. El día que se me ocurra una nueva idea -que no lo he considerado realmente aunque me han pedido que lo reconsidere dado mi bagaje cultural al respecto- tendrá que ser algo de cero y con la convicción de que no sea lo mismo de lo mismo. Mientras tanto, al ver una campaña donde se pretende visibilizar que "...la amistad, la solidaridad, lo masculino, la tolerancia o dar importancia a lo lúdico, son algunos de los valores que se encuentran a menudo en los ambientes de osos..." no se queda en algo más que palabras propias del portal Wikipedia las cuales incluso también fueron tristemente plagiadas.

Mi experiencia en el exterior me da un poco más de solidez en mis palabras: ver lo evidente en otros lados, en Estados Unidos, en Uruguay y Argentina, son la muestra de acá todavía hay mucho por hacer si se quiere tener algo llamado comunidad. En su momento me parecía pretencioso de alguien que me dijera algo por el estilo, pues pensaba que las envidias y las críticas buscaban dar amargura al grupo, pero ahora desde la oportunidad que me dí de ver la comunidad desde afuera, percibo que tenían toda la razón las críticas en su momento: acá la gente es envidiosa por naturaleza, y el grupo en si es un producto plagiado y poco editado con el fin de hacer acreedor a gente que poco o nada aportó en su momento como los nuevos y grandes luchadores de una causa que es casi perdida. En esos países dejé grandes compañeros de momento, que dejaron puertas abiertas y cuya perspectiva de estos espacios me dejó ver que hay colectivos reales llenos de un trabajo desinteresado y por cierto muy honesto.

Convertirme de nuevo en un espectador me da la satisfacción de sentirme algo más crítico y de poder dar palo, porque realmente en su época yo fui la piñata de muchos y la verdad es muy agotador sentir esa carga. Pero ahora, en mi cama y con poco sueño, hago la remembranza de un trabajo que si bien no se perdió, se desvalorizó completamente. Aquellos que sientan el directo golpe de estas palabras, los invito a que yo, como un día hace unos años en una situación similar, consideren que puede haber algo mejor y que se puede hacer realidad, porque lo actual da pena y no por lo visible en sí, sino porque ya se volvió algo kitsch.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ven.

¿Será que en algún momento,
en algún lugar de este espacio,
podré encontrar esa respuesta
al incógnito e indescifrable silencio,
que ahora postras ante mí?

A veces el pecar por decir
lo que sientes en el corazón,
no es errar: es ser honesto,
más humano, más trasparente,
mejor persona, simplemente mejor.

Pero no quiero tu indiferencia,
regálame una sonrisa, un chiste de esos,
una fotografía vieja, o una nueva,
una frase complicada, para que me dejes ahí,
pensándote, meditándote, esperándote.

Si tan sólo vieras lo que veo,
o sintieras como siento,
o soñaras como sueño,
sabrías que ahorita estoy inquieto,
expectante, taciturno, disperso:
a veces herir es más fácil de lo pensado.

Ven, vuélveme a decir, que soy un ángel,
un papasito, un niño sexy,
me acostumbré sin querer, y ahora me lo creo:
me regalaste sin pensar un par de emociones,
y ahora me quitas mis pensamientos.

martes, 10 de diciembre de 2013

La convicción de lo posible.


Me siento un poco pensativo por las cosas sucedidas recientemente. El dilema es el mismo de siempre: esa otra persona…

Hoy, después de mi jornada laboral, después de meditar mucho por muchas cosas, tanto las que han pasado, como las sucedidas y reflexionando las que quiero que pasen, me he percatado de algo que siempre ha rondado mis ideas y que las quiero ratificar: nunca he perdido la esperanza.

Si, tal vez a estas alturas del partido y pese a los múltiples problemas que me gané por creer en las personas y en haber dado más de lo que quería esperar, no pierdo la fe de que hay algo mejor que sacar de los demás, y que esa siempre será una recompensa: poder encontrar esos tesoros perdidos, rescatando lo mejor de cada uno, y saber aprovechar hasta donde se me permite el estar con alguien y ya. La cuestión y el sentimiento de estas palabras están en que no se en que estoy fallando, y aunque sigo siendo el mismo entusiasta y trato de hacer lo mejor, a veces me monto tanto en esa “película” que algo pasa y el miedo se apodera de mí.

No sé si estoy tropezando por querer ser mejor que antes, o como dirían por acá: “del afán solo queda el cansancio…” y puede que sea así. Ese problema no lo he podido descubrir, pues tampoco tengo la forma de que los demás me digan que pueda ser, cuando simplemente un silencio es su única respuesta a todo. He pensado que todos nos vemos en una especie de ambiente reciclable, donde los sentimientos y personas están a la orden del gusto y cuando te aburres/desinflas/cansas simplemente sueltas uno y sigues con otro, y así sucesivamente, en esa infinita búsqueda de algo…

Sé que ahora las cosas no son fáciles, pues la cultura del facilismo termina por adaptarnos a pensar que las cosas no se deben luchar, sino que se dejan y ya, como si nada pudiese pasar. Pero creo que hay algo que se perdió y es la emoción de lograr algo: nos conformamos con saber si las cosas se hicieron a medias o pasaron lo suficiente para dar por concluida una experiencia, y entramos en una nueva y nos envolvemos en ese ciclo de relaciones-emociones-personas como un paso a combatir la soledad.

¿Y si alguien quiere algo más, y no conformarse con lo poco de alguien, sino con lo mucho o con todo de aquel? A veces todo eso queda en un sabor de resignación, donde debemos aceptar que simplemente no podemos dar más porque el otro no lo quiere, o no lo siente así. No es necesario desgastarnos pues ya lo que se vivió se vivió. Quiero que pensemos en que debe haber una convicción, y es la de hacer las cosas bien, completas, de dar una lucha porque debemos darle un sentido a nuestro hacer y a nuestro vivir.

Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.
Dalai Lama.

Si, a estas alturas es estúpido pensar que podemos perder mucho a cambio de nada, pero que mayor sentido el de la vida que vivir. No podemos esperar que la vida sea un paso de alguien más entre la sociedad, sin haber dado lo mejor de uno, lo más grande, lo más noble o lo que más podíamos. La lucha es de valientes y la resignación de cobardes: no podemos vivir una vida de aceptaciones y resignaciones de lo que nunca fue, de “…y si lo hubiera hecho…”, “…y si lo hubiera intentado…”. La vida es corta, frente a todo lo que la historia podemos ver y detenernos un segundo a dudar es la posibilidad de no hacer y quedarnos en un intento frustrado. Tal vez, esas oportunidades son contadas y únicas, a lo mejor el no arriesgarse a darlo todo, significa no haber ganado el premio mayor, y tener que conformarnos con lo que nos tocó.

Hoy creo que si bien las decisiones deben tener una mesura y prudencia, no podemos arrepentirnos de tomarlas con convicción, pues estas son las que nos darán más de qué aprender; sean grandes las fortunas o los fracasos de la vida, son los que marcarán la pauta para seguir viviendo. Una vida simple, sin sentido, sin razón, no tendría valor alguno.

Hoy me arriesgo a pensar que debo esperar, que con calma y esperanza, las cosas se darán. Tarde que temprano, el tiempo recompensará esa paciencia.

martes, 17 de septiembre de 2013

Las redes sociales: ¿virtualidad o realidad?

Hace poco tuve un acontecimiento que me motivó a realizar ciertos cambios en mis redes sociales. Percibí que mientras más información se publica por ahí, esta siempre estará disponible no solo para uno, sino para todo el mundo si la privacidad que tienes no es la mejor. Dado eso, me tomé la tarea de comenzar de nuevo con todo lo que tenía que ver con las cosas de mi privacidad, de mis redes, de aquellas aplicaciones en las que sé que comparto información que es meramente privada y que no me gustaría compartir con todas las personas.

En el proceso de recomenzar, algo particular pasó y me dio una alarma que me pareció importante compartir; la transición debía ser rápida: borrar cuenta, abrir nueva cuenta, agregar amigos. No llevaba dos horas entre la primera parte (borrar cuenta) y la segunda (crear nueva cuenta) cuando ya tenía algunos mensajes en las otras redes donde me pueden contactar. Para este ejemplo y caso particular, la etapa de cambio la quería hacer con la red de Facebook: bastante popular y común entre los lectores de este sencillo blog.

Los mensajes eran algo particulares: algo como “… y no entiendo cómo me borraste si éramos amigos. Hasta pensé que yo también lo era, pero ya veo que no es así…” u otro que decía algo como “… yo respeto tu decisión de borrarme, aunque la verdad no la comparto. Igual, te deseo muchos éxitos en tu vida y mucha prosperidad…”.

Y saber que mientras mas cuentas tienes y más seguidores tienes, más público eres.

Yo pensaba que podía ser más rápido, aunque la verdad estaba en la oficina y mientras cancelaba y creaba mi cuenta nueva, se alcanzaron a dar cuenta unas personas, como las de estos ejemplos y me escribieron en la cuenta nueva y en otras aplicaciones. Pensé yo: ¿acaso el hecho de no tenerlos, por ejemplo, en mi Facebook, implica que ya no están en mi vida? Yo hubiese pensado que no, pero al parecer (y es para muchas personas) la dinámica de nuestras redes sociales se refleja en nuestra vida real y viceversa.

En un momento pensé que era gracioso, así que me dispuse a tratar de contactarme con los personajes en cuestión con el fin de aclarar el mal entendido: uno ya me había bloqueado imposibilitando el hecho de poderle responder y el otro, aunque no quería agregarlo porque en ese momento pensé que debía tener cierta restricción de mis contenidos con algunas personas, en un gesto algo hipócrita me dijo que no había lío, pero a los minutos en su cuenta personal, también ‘casi’ citando uno de los argumentos que le di, simplemente me dejó entrever que me veía como un infantil y como un inmaduro, que se había desgastado en fuerzas por tenerme en contacto y todo para nada: aclaro que él me habló por otra aplicación en la que no lo tenía restringido sin ningún problema.

¡Wow, esperen, todo esto por no tenerlos en Facebook!

La gente asume que nuestras conductas de las redes son idénticas a las de la vida real: te bloqueo, en efecto te bloqueé de mi vida; te borró, te borré de mi vida; te agrego, ya entraste en mi vida; etcétera. Mientras pienso en lo ridículo que puede ser esa idea, también pensé que para otros es bastante serio y su proceder a estas acciones son reales y trascienden a la vida real. De este personaje, tuve la oportunidad de tenerlo cerca estos días y su reacción era predecible, no me habló y solo saludó y se despidió en un gesto de protocolo y de cortesía espontánea. El otro compañero lo pude ver y apenas actué amable, el también respondió, así que asumí que él lo tomo de mejor manera.

Igual sé que muchas personas se ofendieron por el hecho de mi acto de no tenerlos en mi cuenta de Facebook. Supongo que aunque existe otros cientos de aplicaciones e incluso, teniendo mis datos como número de teléfono, podían ponerse en contacto conmigo, pero así no fue: consideraron y asumieron que no tenerlos ahí era una señal de no saber de ellos más. Por suerte para mí, otros pocos que no tienen esa vida embebida ahí, simplemente me ubicaron por otro medio, me preguntaron lo sucedido y ya, nada había pasado.

Las dinámicas son muy diferentes, además que en las vidas virtuales, uno puede ser lo que quiere ser y proyectar lo que uno desea. Ya es de cada quien si lo que desea publicar es real o falso y es de los demás consumidores discernir si ser algo inteligentes al ver que realmente esta persona es o no es lo que refleja en esos espacios web. No hubiese pensado que esa persona se disgustara tanto por ese hecho, pero me llevó a pensar que en efecto, las personas juzgan por cosas tan bobas como esas y que se toman muy en serio estas dinámicas que llevamos a cabo por estos medios.

De todo esto, la reflexión que queda es clara: asumir es juzgar a-priori, criticar sin saber es un pecado, y pensar que las conductas virtuales deben ser iguales a la reales, es de tontos.


viernes, 19 de julio de 2013

Náufrago.

Casi llegué a pensar que habíamos llegado bien. No sabía si tal vez el dejó algo allá olvidado, o dejó algo que quería olvidar... Mientras recuerdo ese último instante que lo vi, apenas entraba a mi lugar y de ahí partió a su destino. Ese día es un grato recuerdo, porque sería el último buen recuerdo, así fuese impresión mía.

Con el pasar de los días, algo cambio: las cosas no fueron como antes. El viaje nos cambió; lo cambió. Las respuestas no eran convincentes en la medida que su actitud decía mucho: no tenía de hecho que decir nada para percibir que en el aire se respiraba tensión, como si esa estática se sintiera por todo el cuerpo, de forma que te eriza pero que no sabes describir.

Ahora, una respuesta es clara: el me dejó allá. La imaginación me dió a pensar que podría pasar miles de posibilidades, pero no esa. Lo que mi mente no quería era lo que no esperaba, y estaba sucediendo. Sus palabras son claras, radicales, sin opción de reconsiderar o de refutar: está dicho.

Dejaste caer mis sentimientos, porque ya no los querías más. Se fraccionaron en mil pedazos, así como el cristal que toca el pavimento y se quiebra: de esa manera. Me quedé en un pedazo particular, en el de ese día, el que te molestó, el que no te gustó; no valía otro pedazo, ahí me dejaste y así me querías dejar: otro recuerdo no podía ser más grande o más valioso. Fue el menos esperado -a mi gusto- pero eso quisiste, y es difícil refutarlo; eres terco, eres necio, eres orgulloso.

Y en tu mente se encuentran esos pedazos, pero yo estoy flotando sobre ese momento, en ese oceano de recuerdos y de instantes, como un naufrago mirando a donde poder ir a salvarse: las demás piezas ya no están, ya se van, se comienzan a alejar.

Ese día, cuando me dejaste ahí, sobre ese recuerdo, quisiste dejarme sólo, ya no querías ayudarme, porque no lo viste necesario. Mi mente fue la que pensó que llegamos juntos, pero la tuya me olvidó.

Mi impresión de la verdad es esa: solamente el llegó acá y yo me quedé allá, flotando, moribundo, destrozado, fraccionado, buscando a donde llegar para volver a empezar. Pagué el error más tonto con el precio más alto, y ahora estoy ahí, flotando, esperando, mirando pasar el tiempo hasta percibir en el firmamento una nueva tierra, una nueva oportunidad sin ti.

miércoles, 17 de julio de 2013

Renovando.

Estos días he tenido la oportunidad de compartir con personas que han estado abriéndome los ojos para proyectar de mi algo mejor. A veces es necesario que alguien que ha probado más mundo, más experiencias y que han vivido más situaciones, que lleguen a ahondarte de conceptos, de hacerte surgir dudas  y de moverte el piso con historias que a veces parecen inverosímiles pero que te abren la mente a pensar que uno puede llegar a ser como ellos, o incluso, mejor, y vivir, y viajar, y disfrutar de esas experiencias, etcétera.

La renovación nace desde el principio de aceptar que hay que dejar todo aquello que te frena y dar un paso hacia adelante, dejando el pasado y renovando tu presente. La cuestión no es la de pensar en el futuro, porque queremos vivir el camino, no planearlo y así no disfrutarlo. Entonces, si en la vida la cuestión es soltar para avanzar, ¿por qué no lo hacemos y siempre nos aferramos a lo presente? Eso es lo que pretendo indagar acá.

Varios hablan ahora de la “zona de confort” como el espacio donde piensas que estas bien y que no correrás el riesgo de sufrir de alguna manera. Sin embargo, el miedo a aceptar nuevas experiencias de vida nos reprimen a tomar decisiones que aparentemente puedan ser radicales. Las decisiones son decisiones y ya, y hacer parte de nuestra vida a cada instante: desde ir a tomar el almuerzo al medio día o a la 1 Pm, o de tener que dejar la ciudad a un sitio en el extranjero por cuestiones laborales.

La sociedad nos ha enseñado a que tenemos que sentirnos conformes con la situación en la que creemos que estamos bien; eso es bueno y malo al tiempo. El hecho de que estés bien no significa que tengas que dar un gran salto a descubrir que esa situación puede empeorar: simplemente quedémonos donde estamos y ya. Pero, ¿y si saltar es llegar a un sitio mejor?: la cuestión está en intentarlo o no. Muchas veces dejamos de vivir lo que podría ser las mejores experiencias de vida por pensar que no vale la pena intentarlo. A lo mejor, aquellas personas que nos cuentan de sus mejores momentos de vida y de sus mejores experiencias que decidieron vivir sólo por el hecho de ver que podían vivir, son las personas que tienen las historias de vida más enriquecedoras.

A veces, necesitamos de la renovación para vivir un ciclo de vida completo, y así sucesivamente.

El vivir está ligado con la oportunidad de disfrutar esta única vida que tenemos. A veces nos pasamos frente a un escritorio de trabajo pensando en que mañana y lo demás días serán repetitivos hasta recibir un salario y así poder pagar las deudas que tenemos. ¿Será que la vida se limita a eso? ¿Es posible pensar que así tiene que ser? Tomar decisiones radicales no sólo implica cambiar esos estados, también está en que la vida puede ser mejor: más divertida, más alegre, con momentos que valgan la pena recordar y así, más adelante, uno pueda mirar en una retrospectiva que alguna vez hice eso, y solté ese momento para vivir uno mejor, así sucesivamente.

Ahora, desde mi perspectiva, alguien me abrió los ojos a que las cosas se pueden hacer sólo si uno se las propone. Me aventé a vivir esas experiencias y me alegro poder sentir que las he vivido. Siempre miro hacia atrás con la convicción de que son vivencias que no olvidaré, porque él me enseño que hay que disfrutar de todos los momentos, de principio hasta el posible final. Este momento durará lo que tenga que durar y después seguirán otros a los cuales aplicaré lo aprendido y me aventaré a seguir viviendo. El miedo de estar ahí, como uno más, se desvanece en un trabajo muy personal de querer darle algo de emoción a esta vida que tengo y que tengo que vivir.


Los invito a que vivan al máximo cada instante. La vida en si no es fácil ni sencilla, pero esos son los detalles que realmente le dan un sentido propio y hacer que valgan la pena. El detenernos a no vivir más por el conformismo de pensar que ya tenemos todo, no es del todo cierto: la vida es muy grande y seguro las experiencias son tan incontables como las mismas personas que nos podamos encontrar en el camino. Y ya, vive lo mejor posible, alégrate de los buenos momentos y mira el vaso medio lleno con los que no.

martes, 16 de julio de 2013

De vuelta.

A veces retornar es difícil. Uno nunca sabe que puedan decir, que puedan pensar, o incluso los motivos de esa decisión. Como cualquier llegada a un espacio ya habitado, se reviven nostalgias y también se acuerda uno porque quiso dejar de lado eso; una dualidad de sentimientos entran en conflicto, pero la decisión ya está tomada y volví.

Los días mientras estuve lejos han sido complicados: los sucesos vividos me han de poner a pensar que he vivido muchas cosas en poco tiempo. Amores, desamores, decepciones, el grupo, la familia, trabajos, la tesis, nuevos amigos, nuevos enemigos, los de siempre, los de ayer, los de hoy, los que vendrán, los viajes, las giras, los chismes…

Si me pongo a pensar de todo lo que he hecho, supongo que a veces estos espacios se quedan cortos para ahondar en tantos detalles. Sin embargo, una que otra cosa se puede decir, porque siempre hay algo que decir. ¡Pero qué decir! 

domingo, 20 de enero de 2013

Una construcción efímera llamada "Amistad".


¿Amigos? A cuantas personas en la vida has llegado a considerar como amigos: muchos tal vez. ¿Y cuántos de ellos están todavía contigo, a tu lado? Tal vez pocos, o ninguno de ellos. Eso de la amistad es algo difícil de tratar, más cuando piensas que cuentas con ellos y al final te das cuenta que estas solo.

Yo siempre pensé que la amistad es algo que siempre se encuentra en estado de construcción. Y es cierto, porque muchas de las relaciones sociales tienen el ejercicio de evolucionar y llegar a algún fin. Pero, ¿por qué falla esto a veces? La cuestión es que una verdadera amistad tiene que sobrevivir a muchas cosas: no solo en un aspecto de relación entre los individuos; son muchos factores: el tiempo, la lealtad, la sinceridad, la verdad, honestidad, etcétera.

¿Y cómo te das cuenta que esa “amistad” no existe o no es real? Las mismas personas con un poco de inteligencia se llegan a percatar para que realmente necesitan de la otra persona. Es difícil creer que uno pueda ser un objeto o medio para un fin particular, pero a veces lo es. Si bien la cuestión de amigos en la mayoría de casos no es más que un término para definir a alguien que te cae bien o con el cual tratas, si se puede hablar de una amistad verdadera en el momento en que ha sufrido muchas situaciones y aun así, pese a tragedias o momentos agradables, las personas siguen ahí. Además, un amigo realmente sabe valorar todo lo que das a cambio de nada, y si, es NADA.

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¿Los amigos existen entonces? Sí, claro que sí. Difícilmente uno llega a conocer personas que sin ser tu pareja pueden ser las personas incondicionales por mucho tiempo. Y es cierto, esas personas que saben tus secretos, tus pensamientos, lo que opinas del mundo y lo que lo rodea: como ese hermano que no tuviste pero que al final, sin ser biológico, es como de tu familia, de tu ser… No podemos pensar que son cosas infinitas, nada es infinito, la misma vida nos limita el hecho de tener algo por siempre, pero si, ese tiempo necesario con el que cuentas con alguien y valoras cada uno de los espacios porque aprendiste algo, te reíste o lloraste, te dijeron la verdad en la cara, y aunque incluso estén lejos, se acuerdan de uno y te mandan los mejores deseos en tu vida, porque te quieren y te valoran en todo tu esplendor.

Hoy me siento y pienso sobre esto, porque tal vez creí pensar estar rodeado de gente que uno llega a considerar como amigos: les das la mano, los ayudas, te ríes con ellos o también lloras, hablas de tus experiencias de vida en todos tus aspectos… pero realmente cuando los necesitas, no están. Esa es la diferencia de un común más y un amigo. Aunque es curioso pensar que toca pasar por ciertas situaciones particulares para poder uno percibir eso, si creo que es necesario a veces poder vivir esas cosas y percatarse de quienes están ahí realmente. Tal vez pónganse a pensar cada uno de los que lee esto y digan, ¿realmente esos que piensan que son tus amigos, lo son? Les dejo esa inquietud.

viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Así de fácil es decir “Te amo”?


Hace poco salí de un intento de relación que podría definir como intensa. Las cosas iban bien, aunque esta persona no sabía que los dos teníamos espacios que respetar, o por lo menos para distribuir. Todo un fin de semana dedicado para el, a cambio de poder tener un fin de semana mio. El resultado: me dejó.

Es curioso pensar que apenas unos días, me decía que me amaba de una forma extraordinaria, y a los ocho días me decía todo lo contrario. Así mismo, tiempo después, traté de conocer a alguien y eso fue más chistoso, porque ya casi que me amaba apenas unos días de conocernos. ¿Así de fácil es decir ahora “te amo”? ¿Acaso los sentimientos a causa de las relaciones esporádicas también se convirtieron en eso, en cosas efímeras?

Es increíble pensar que una persona se pueda enamorar de alguien en tan corto tiempo (15 días y 8 días respectivamente). No quiero subestimar el poder de entrega de las personas, ni tampoco quiero pensar que sea del todo malo eso, pero es que ese sentimiento se forja con muchas vivencias y experiencias. Es casi una vida la que uno puede gastar en conocer a una persona y así mismo en poder pensar que se puede llegar a querer mucho a alguien. Y así, pasado el tiempo, a veces nos sorprendemos de las cosas que hace alguien, porque en efecto, siempre estamos creciendo, cambiando, moviéndonos…

Era evidente que apenas pasara algo con nosotros, así mismo se olvidarían de mí. Para ambos casos, después de manifestarse verbalmente y por escrito lo mucho que sentían y querían estar conmigo, a los días, ya salían con alguien y lo más seguro es que a ellos ya les está diciendo lo mismo que a mí me decían unos días atrás: te amo (me consta).

Uno de ellos me decía que los sentimientos es como una llama que arde y que al final podía pasar dos cosas: que podía quedar una leve brasa que ardería por mucho tiempo, o que los leños se quemarían rápido y después la llama estaría por apagarse, una llama muy suave, muy tenue. Creo que en la explicación falto decir que la llama se puede apagar si no se alimenta. O tal vez, incluso, esa llama se puede apagar si quieres, y tienes la opción de prender otra, y así sucesivamente.

Las emociones que tan rápido se crean, así mismo rápidamente se consumen. Eso del amor es todo un proceso, diría yo más que complejo. No por algo muchos han hablado, escrito canciones, prosas, versos, poemas, libros, han hecho películas, se han desatado guerras... en fin. Es todo un concepto que atrae, inspira. Si tanto han hablado de esa palabra, ¿será posible que nombrarla, así como así, realmente enamora? No lo creo. No es cuestión de ser un apático sentimental, pero si el hecho de poder tener la certeza que cuando uno se enamora, se vive eso realmente, se pierde esa noción del tiempo, de la vida, que eres parte de otro, que los dos somos uno, que la vida al lado de él es todo lo que cuenta y lo que vale. Son tantas cosas indescriptibles, que en efecto, realmente estar enamorado y amar a alguien es un estado de vida.

Yo lo que pido acá es sencillo, que usemos el término en el modo correcto y de la forma que realmente se merece. A veces podemos aprender a querer a alguien en poco tiempo de una forma impresionante: eso no lo dudo. Que las conexiones mentales y físicas que pueden existir con alguien pueden ser más que relevantes contra otras personas. Pero no podemos echar en saco roto que el conocer a alguien es un proceso que requiere de tiempo, de esfuerzo, de paciencia y sobre todo, de dedicación. De hecho, esa frase de la cerveza Club Colombia tiene toda la razón: "Las mejores cosas de la vida toman tiempo”. El tiempo evidentemente es el factor clave y de éxito sobre una relación. Y aun así, es un término tan relativo, por lo que describía en un comienzo: necesitas de una vida entera para descubrir realmente quien es alguien.