jueves, 9 de octubre de 2014

Kitsch osuno.

La dulzura de poder estar en cama sin preocuparme de usar el laptop para otras cosas que no conciernen a uso laboral es deleitable. Divagar entre espacios y páginas, leyendo y recordando momentos me transportaron en un flashback de recuerdos donde las memorias acá presentes son parte de esos garabatos mentales. Y como no poder olvidar lo que alguna vez fue mi hijo y mi gran idea; Bogotanosos.

La imagen de un trabajo personal hecho realidad.

Mientras repasaba unos libros de Juan Ernesto Artuñedo (Peluche y Cazador) me acordé de esas historias dignas de recordar donde yo y el drama era el protagonista principal. Hasta recordé una entrada emotiva llamada Criticamos y no aplicamos donde mi reflexión estaba dada a pensar en las ideas colectivas sostenibles por los mismos partícipes; pensé que podría ser una realidad en la medida de que los miembros y partícipes fueran capaces de llevar a cabo una labor más allá de simplemente ser espectadores: ¡pero qué va!.

Hoy un compañero me recordó muchas de esas cosas y pensé que después de un tiempo y ya casi un año desde que tomé la distancia prudente a una serie de hechos que fueron bochornosos y escabrosos donde el colectivo se acabó y me fue arrebatado de las manos por un personaje cuyo final fue más abrupto y cruel que el mío, era digno ver desde la distancia que tomé que había sucedido con esa idea que alguna vez fue mía pero que ahora no se en manos de quién está. Y no me es difícil encontrar el espacio que se creo entorno a esa gran idea, pero hasta pensaría que lo encontrado es más triste que lo que podía pensar: una idea barata y carente de lo que fue...

Cuando el colectivo se creo nació como una simple idea pero que tenía un objetivo de ser la mejor posible. No era cuestión de inversión, pero si de un trabajo admirable que sobresaliera frente a lo común o poco que había en ese entonces. El trabajo dedicado era enorme, además que giraba entorno a dos cabezas que pensaban -hasta ese entonces- en que siempre tenía que ser grande lo más mínimo. Ahora, revisando los pobres vestigios de esa idea me choco con que son ya del montón. Y no podría precisar que las idean en sí lo son: no son capaces los creativos (pienso en creativos en los que se encargan de publicar las cosas en su grupo virtual, porque dudo que tengan creatividad) del espacio en dinamizar nuevas ideas que pudiesen llamar la atención de gente que fuese valiosa al grupo, sino que se conformaron con ofrecer lo mejor que resultó de las versiones pasadas y prostituirlas para sacar provecho de la mejor forma posible.

Si algo no acepté en el entonces grupo mencionado es que cayera en el estereotipo, sino que fuese una idea muy típica, resaltando elementos propios pero sin necesidad de llevar al extremo la idea de que la "comunidad osuna" se disfrazara de "osos", pues como mencionaba ya hace unos años, acá esos fenotipos son difíciles de conseguir: supongo que la supervivencia lleva a pensar en que lo mejor es lo popular. Además es irrisorio ver como las personas que en ese entonces odiaban la idea por no sentir que fuesen propios de ella, ahora incluso abanderan la causa pues cumple con las expectativas que ellos consideran son las verdaderas metas de ese colectivo.

Sonará denigrante, pero basta ver una foto de su nuevo "colectivo" para ver en ellos gente que no vale la pena ni de tener como conocidos: todos unos expertos sociópatas donde consideran sentirse cómodos en la medida que ellos están pero que en la distancia son destructores implacables, fuera de la vulgaridad de muchos de ellos por no tener remedio a su descaro de ser no menos que ladrones, o vividores o estafadores. Claro, yo soy humano y en esa idea falle tanto como pude, pues al fin y al cabo era mi idea y tengo que llevar en la espalda el estigma generado post mortem del grupo. Pero bueno, robada la idea y transformada en lo que sería un "paraíso osuno" de quien fuese mi mejor amigo, se convirtió en una idea barata y rentable, de fácil digestión y de satisfacción garantizada. Entonces, así mismo se plagó de gente que no se podría definir como menos algo que despreciables.

Los personajes que en su momento lapidaron la idea porque generaba esa controversia, ahora pasaron a ser partícipes pues comenzó a satisfacer al montón: la gente que criticaba lo hacía porque sabía que había razón y había debate y generaba conflicto de ideas pues era diferente. No más con ver a quienes pasaron ser los nuevos "mandos" para ver gente que en su momento y palabras casi textuales decían que eran personas "...que no tenían tiempo para grupitos y maricadas..." pasaron a ser los supuestos genios de lo reciclado. Y después de un aparatoso final para mi ex-amigo con un manifiesto público donde lo dejaron ver no menos como un ladrón vulgar, el nuevo y tercer intento del grupo ya es un montón de sobras de lo que fue alguna vez mi aclamado y odiado Bogotanosos.

Supongo que algunos lectores verán en mis palabras un tinte de resentimiento o de odio generalizado -ya por ahí me lo han dicho a priori por manifiesto de mis ideas-, pero no es así. La reflexión está dada a que tenía que dejar un manifiesto personal, con el fin de reírme de esto unos años después cuando lo vuelva a leer, pero más con el motivo de hacer ver que las ideas recicladas pueden pegar pero son para la gente del montón. El día que se me ocurra una nueva idea -que no lo he considerado realmente aunque me han pedido que lo reconsidere dado mi bagaje cultural al respecto- tendrá que ser algo de cero y con la convicción de que no sea lo mismo de lo mismo. Mientras tanto, al ver una campaña donde se pretende visibilizar que "...la amistad, la solidaridad, lo masculino, la tolerancia o dar importancia a lo lúdico, son algunos de los valores que se encuentran a menudo en los ambientes de osos..." no se queda en algo más que palabras propias del portal Wikipedia las cuales incluso también fueron tristemente plagiadas.

Mi experiencia en el exterior me da un poco más de solidez en mis palabras: ver lo evidente en otros lados, en Estados Unidos, en Uruguay y Argentina, son la muestra de acá todavía hay mucho por hacer si se quiere tener algo llamado comunidad. En su momento me parecía pretencioso de alguien que me dijera algo por el estilo, pues pensaba que las envidias y las críticas buscaban dar amargura al grupo, pero ahora desde la oportunidad que me dí de ver la comunidad desde afuera, percibo que tenían toda la razón las críticas en su momento: acá la gente es envidiosa por naturaleza, y el grupo en si es un producto plagiado y poco editado con el fin de hacer acreedor a gente que poco o nada aportó en su momento como los nuevos y grandes luchadores de una causa que es casi perdida. En esos países dejé grandes compañeros de momento, que dejaron puertas abiertas y cuya perspectiva de estos espacios me dejó ver que hay colectivos reales llenos de un trabajo desinteresado y por cierto muy honesto.

Convertirme de nuevo en un espectador me da la satisfacción de sentirme algo más crítico y de poder dar palo, porque realmente en su época yo fui la piñata de muchos y la verdad es muy agotador sentir esa carga. Pero ahora, en mi cama y con poco sueño, hago la remembranza de un trabajo que si bien no se perdió, se desvalorizó completamente. Aquellos que sientan el directo golpe de estas palabras, los invito a que yo, como un día hace unos años en una situación similar, consideren que puede haber algo mejor y que se puede hacer realidad, porque lo actual da pena y no por lo visible en sí, sino porque ya se volvió algo kitsch.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ven.

¿Será que en algún momento,
en algún lugar de este espacio,
podré encontrar esa respuesta
al incógnito e indescifrable silencio,
que ahora postras ante mí?

A veces el pecar por decir
lo que sientes en el corazón,
no es errar: es ser honesto,
más humano, más trasparente,
mejor persona, simplemente mejor.

Pero no quiero tu indiferencia,
regálame una sonrisa, un chiste de esos,
una fotografía vieja, o una nueva,
una frase complicada, para que me dejes ahí,
pensándote, meditándote, esperándote.

Si tan sólo vieras lo que veo,
o sintieras como siento,
o soñaras como sueño,
sabrías que ahorita estoy inquieto,
expectante, taciturno, disperso:
a veces herir es más fácil de lo pensado.

Ven, vuélveme a decir, que soy un ángel,
un papasito, un niño sexy,
me acostumbré sin querer, y ahora me lo creo:
me regalaste sin pensar un par de emociones,
y ahora me quitas mis pensamientos.

martes, 10 de diciembre de 2013

La convicción de lo posible.


Me siento un poco pensativo por las cosas sucedidas recientemente. El dilema es el mismo de siempre: esa otra persona…

Hoy, después de mi jornada laboral, después de meditar mucho por muchas cosas, tanto las que han pasado, como las sucedidas y reflexionando las que quiero que pasen, me he percatado de algo que siempre ha rondado mis ideas y que las quiero ratificar: nunca he perdido la esperanza.

Si, tal vez a estas alturas del partido y pese a los múltiples problemas que me gané por creer en las personas y en haber dado más de lo que quería esperar, no pierdo la fe de que hay algo mejor que sacar de los demás, y que esa siempre será una recompensa: poder encontrar esos tesoros perdidos, rescatando lo mejor de cada uno, y saber aprovechar hasta donde se me permite el estar con alguien y ya. La cuestión y el sentimiento de estas palabras están en que no se en que estoy fallando, y aunque sigo siendo el mismo entusiasta y trato de hacer lo mejor, a veces me monto tanto en esa “película” que algo pasa y el miedo se apodera de mí.

No sé si estoy tropezando por querer ser mejor que antes, o como dirían por acá: “del afán solo queda el cansancio…” y puede que sea así. Ese problema no lo he podido descubrir, pues tampoco tengo la forma de que los demás me digan que pueda ser, cuando simplemente un silencio es su única respuesta a todo. He pensado que todos nos vemos en una especie de ambiente reciclable, donde los sentimientos y personas están a la orden del gusto y cuando te aburres/desinflas/cansas simplemente sueltas uno y sigues con otro, y así sucesivamente, en esa infinita búsqueda de algo…

Sé que ahora las cosas no son fáciles, pues la cultura del facilismo termina por adaptarnos a pensar que las cosas no se deben luchar, sino que se dejan y ya, como si nada pudiese pasar. Pero creo que hay algo que se perdió y es la emoción de lograr algo: nos conformamos con saber si las cosas se hicieron a medias o pasaron lo suficiente para dar por concluida una experiencia, y entramos en una nueva y nos envolvemos en ese ciclo de relaciones-emociones-personas como un paso a combatir la soledad.

¿Y si alguien quiere algo más, y no conformarse con lo poco de alguien, sino con lo mucho o con todo de aquel? A veces todo eso queda en un sabor de resignación, donde debemos aceptar que simplemente no podemos dar más porque el otro no lo quiere, o no lo siente así. No es necesario desgastarnos pues ya lo que se vivió se vivió. Quiero que pensemos en que debe haber una convicción, y es la de hacer las cosas bien, completas, de dar una lucha porque debemos darle un sentido a nuestro hacer y a nuestro vivir.

Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.
Dalai Lama.

Si, a estas alturas es estúpido pensar que podemos perder mucho a cambio de nada, pero que mayor sentido el de la vida que vivir. No podemos esperar que la vida sea un paso de alguien más entre la sociedad, sin haber dado lo mejor de uno, lo más grande, lo más noble o lo que más podíamos. La lucha es de valientes y la resignación de cobardes: no podemos vivir una vida de aceptaciones y resignaciones de lo que nunca fue, de “…y si lo hubiera hecho…”, “…y si lo hubiera intentado…”. La vida es corta, frente a todo lo que la historia podemos ver y detenernos un segundo a dudar es la posibilidad de no hacer y quedarnos en un intento frustrado. Tal vez, esas oportunidades son contadas y únicas, a lo mejor el no arriesgarse a darlo todo, significa no haber ganado el premio mayor, y tener que conformarnos con lo que nos tocó.

Hoy creo que si bien las decisiones deben tener una mesura y prudencia, no podemos arrepentirnos de tomarlas con convicción, pues estas son las que nos darán más de qué aprender; sean grandes las fortunas o los fracasos de la vida, son los que marcarán la pauta para seguir viviendo. Una vida simple, sin sentido, sin razón, no tendría valor alguno.

Hoy me arriesgo a pensar que debo esperar, que con calma y esperanza, las cosas se darán. Tarde que temprano, el tiempo recompensará esa paciencia.