jueves, 7 de julio de 2011

Un año más de vida.

Y así se cumple un año más de vida, ya es uno más que tengo que echar a cuestas y con él, ver a través del último año las buenas y malas experiencias que he vivido. No me puedo quejar, he estado rodeado de grandes personas a las cuales les sigo debiendo todos sus buenos y malos consejos, sus aportes de conocimiento, sus ideas que promovieron en mi grandes cambios, todos los momentos de gratos y bellos recuerdos, etcétera.

No recuerdo haber recibido mis cumpleaños estudiando; eso dice mucho de mí. Creo que todavía no pierdo esa afición a mi estudio, amo mucho la academia, las aulas, el saber y el aprender. Este año que pasó ya es un año que llevo de la ingeniería, que bien. Si sigo así de juicioso con las clases, en un año podría estar disfrutando de las delicias de terminar materias para esperar con anhelo mi título de profesional.

Este año y hasta hace un mes me animé a relacionarme con alguien formalmente. Si bien no duro sino un mes, bueno, tuve el valor de aventurarme de nuevo y desempolvar un poco esos métodos acerca del noviazgo, las relaciones constantes con alguien y todas las cosas que conlleva estar de novio. Le agradezco a esa persona mucho el tiempo vivido, son grandes experiencias las que se aprenden cuando compartes diferentes espacios con otra persona que esté a tu lado, y por ende, todo se convierte en un aprendizaje constante. Me acerqué mucho a mi faceta de responsable con alguien ajeno a mí, pues usualmente no soy de esos. Igual, me faltan muchas cosas por mejorar, pues un mes no dice mucho y si deja mucho que desear…

Los nuevos amigos que han llegado se han convertido en personas invaluables. Comenzando por mis amigos de la “Sociedad de Medianoche” los cuales se convirtieron en esos guerreros de trasnocho que conmigo van a lograr el anhelado título de Ingenieros en Telecomunicaciones. A ellos, les agradezco ese constante ánimo para trabajar en un equipo, como lo que somos. A mis amigos personales, quienes me enseñaron el valor de pensar y sentir como homosexual y gay que soy; que tenía que buscar más allá de lo evidente, de buscar un trasfondo y buscar un origen para de esa manera darle un verdadero sentido a esto, darme una verdadera identidad y así sentirme realmente identificado con un motivo y una causa. Otros por recordarme el buen valor de la amistad; que el tiempo que se comparte con algunos es el tiempo que permite construir grandes relaciones, que los amigos son pocos y aquellos que se quedan con nosotros son aquellos con los que siempre contaremos como una familia, una familia que nosotros podemos escoger. A algunos, por permitirme conocerme y convertirse en compañeros de recocha, de borracheras, de locuras y de aventuras, quienes se disponen a salir a buscar nuevas travesías y nuevas historias para recordar y compartir. A todos ellos, se les quiere y se les aprecia.

Mi familia sigue ahí, paciente, esperando ver como me vuelvo más loco, más irreverente, menos calmado, más hombre y más yo. Ellos han sido los directamente afectados por estos últimos cambios que he optado tomar. Pero bueno, familia es familia dicen por ahí, y si, no me quejo, ellos siempre están presente en todos esos momentos de mi vida, desde que nací hasta este día. Una sonrisa de mi mamá es suficiente para que todo esté bien, a ella sobre todo, le debo mucho de lo que soy: imagínese si no tuviese a alguien quien me alcahueteara tanto.

Y para quienes ya han estado conmigo por más tiempo, pues les agradezco la compañía hasta ahora. Es difícil lidiar con personas como yo, a veces tan complicadas como a veces tan fáciles y sencillas. Pero bueno, esa es la mística que todos poseemos y nos convierten en seres únicos. A ellos, les agradezco por su tiempo, es lo más valioso que tenemos y muchos lo han compartido conmigo.

Así pasa un año más en mi vida, celebrado a lo grande, con una gran fiesta en Rock al Parque y un pequeño festejo en Blues, con un postre en Crepes y Waffles, con una rica pasta con salsa Bechamel, un ponqué delicioso al lado de mi familia, un montón de mensajes y llamadas y todavía faltan muchas otras cosas. Gracias a todos, les agradezco por este día y por los que vendrán.

miércoles, 22 de junio de 2011

Desconexión.

¡Que tranquilidad! Está sonando en mi reproductor Dead - Zoé. Hace bastante que no tomaba un corto viaje justamente para sentirme lejos de todo, de mis problemas, de mis preocupaciones, de mis amigos y familiares, de todo. Además, no hay muchas cosas cerca, apenas el pueblo se encuentra a unos 10 minutos a pie, pero con el frío que está haciendo por acá, es preferible quedarme sentado en esta cómoda silla, con una lamparilla a mi lado, con mi amigo al otro lado callado leyendo algo de El Tiempo y yo de observador viendo como se pone la tarde por la ventana de la sala.

Son las 6:00 PM en punto, ¡wow, qué puntual! No es un retiro, pero es lo más cercano a poder pensar con tranquilidad algo de mi situación actual. Siento que mis ideas no se encuentran en orden, como a mí me gusta, todas encajadas por temas para así poder encontrarlas fácilmente.

Será lo más parecido a la tranquilidad, al relax absoluto, a una gran satisfacción por disfrutar de espacios en silencio, en lugares donde se te permite disfrutar del pensamiento, de la música, de un ambiente tranquilo, lejos de tantas perversiones propias de la ciudad. Tengo celular; tampoco quiero desaparecer, igual muy rara vez suena un domingo.

Es curiosos ver los cambios del entorno, un momento es lleno de edificios, gente corriendo, el pavimento, el smoke de los carros. Y de repente, veo gente tranquila, algunas gallinas, perros corriendo, una vaca cruzando la carretera, una cabra echada y mucha vegetación propia de esta zona fría. A veces nos volvemos tan dependientes de nuestro entorno que olvidamos que hay muchos otros, que te brindan también una satisfacción; un momento de paz no debería negárselo nadie.

Se siente extraño poder estar pensando sin muchas distracciones, en este caso poder escribir con tanta facilidad. El internet usualmente es una gran distracción que no deja concentrar. Cuando enciendo mi laptop, usualmente lo primero se abre es el TweetDeck donde tengo mis cuentas de Facebook, de Twitter y de Google Buzz sincronizadas. A continuación se abre la cuenta de Messenger donde puedo encontrar la lista de mis amigos y conocidos que estén también conectados. También echo una ojeada por el Skype para ver si la gente de la Universidad colocó algo interesante en las conversaciones que tenemos por este medio. Ya en el momento de ejecutar mi explorador de Internet, se abre el Google Chrome y me recuerda las páginas más visitadas. Está El Malpensante, The Pirate Bay, FayerWayer, Enter.Co, El Tiempo.com, Youtube y bueno, no niego que está Manhunt, BogotáGay y obviamente mí blog. Por ahí también hay varias etiquetas, pero son más de la Universidad y cosas del estilo, además del Angry Birds: ¡qué juego tan engomador! 

Vuelvo a retomar, andaba desviándome del tema; por suerte no puedo usar nada de lo descrito pues no hay conexión de banda ancha disponible.

A veces vivimos muy pendientes de cosas tan banales, que no nos permitimos tener un espacio propio de nosotros. Todo lo descrito gira en función del mundo ajeno: lo que piensan los demás, que les gusta, que hicieron, que comparten, que suben o bajan de la nube, y estamos nosotros pendientes de los demás, pero no de nosotros mismos.

¿No es acaso confortarte que una vez en vez de dedicarle tanto tiempo en ver que hacen los demás, lo dediquemos a nosotros?  Sin querer, nos acostumbramos a ello, somos tan mecánicos que no nos percatamos que se nos vuelve una rutina, algo del diario vivir: estar en función del mundo.

Dirían: “… pero es que somos sociales por naturaleza, es una constante interacción con la sociedad, con la gente, con todas las personas…”. Eso no lo niego, pero tampoco significa que siempre debemos estar online. Incluso ahora con las campañas que se promueven para evitar el calentamiento global, el desconectarse es una opción para ayuda no solamente del ambiente, sino de nosotros mismos. Pocos podrían percatarse del impacto a tras fondo del asunto: no solamente es combatir un mal que le hacemos a la tierra, es cambiar poco a poco nuestra cultura “cibernética” a una cultura más en contacto con la esencia de las cosas.

Es increíble si me pongo a pensar, ahora que no trabajo y con algo de tiempo de más, cuanto tiempo le invierto a estar “conectado”, pues la verdad es mucho tiempo. Usualmente mis tiempos de trabajo se concentran en horas de la noche. No es sorprendente ver que yo llegué de la facultad para sentarme por unas buenas horas a trabajar en el computador, apenas si ceno algo y sigo hasta unas buenas horas de la madrugada. Pero es algo que se me volvió costumbre, porque de seguro podría trabajar sin problemas en horas de la mañana y la noche se la dedico exclusivamente a descansar. Mi amigo que tengo al lado ya me dijo que tengo que comenzar a cambiar mis hábitos a los horarios de una persona decente. Es la verdad.

Bueno, ya van a ser las 7 PM, ahora está sonando Gymnopédies, Lent et douloureux – Erik Satie. Ya comienza a hacerse oscuro y me da pena dejar a mi amigo tan solo, además que muy amablemente me invitó a este espacio a descansar. Será desconectarme por hoy.

domingo, 5 de junio de 2011

Saliendo del averno.

Y no puedo dejar de sentirme en un mar de extrañas sensaciones. Hace un buen rato no recordaba esa preocupación entera por otra persona. ¿Cómo llegó? ¿Le fue bien? ¿Ya habrá comido algo? ¿Se sentirá feliz?

Me siento un poco confundido. Dirían que esto no se practica, se aprende; que las cosas deben pasar con el tiempo para ver qué sucede. Hace mucho no recuerdo la sensación de estar feliz y preocupado. La felicidad no me la quiero negar y le he dado una oportunidad de entrar. La preocupación me abruma al saber que mi situación de euforia se pueda acabar. Eso es normal al comienzo, creería yo.

Lo quiero mucho, ya hice en tan poco tiempo cosas que no había hecho con los demás. No es locura, pero se aproxima mucho. Me siento emocionado, se lo digo y él también lo siente así. Quisiera que todo fuera así por mucho tiempo, pero somos realistas: seremos felices el tiempo que lo seamos juntos y que así lo deseemos. Eso me gustó, antepusimos la realidad para no caer en cuentos de fantasías.

Podría sentirme en la cumbre: por un lado tengo alguien que me quiere y tengo unos buenos amigos que se preocupan y me estiman mucho. La felicidad de ellos es también mi felicidad. La dicha casi es completa, pero siempre habrá huecos por llenar: lo decía anteriormente, no somos satisfechos completamente.

Hoy en horas de la mañana dije que sí. Los testigos evidenciaron el suceso, y ellos se emocionaron también.

Ahora lo que sigue es… No sé, ¡ah! Verdad que en esto no sirve la razón.