domingo, 3 de mayo de 2015

Entre líneas

Últimamente no he hecho otra cosa a medida que distingo nuevos perfiles en línea desde las diferentes opciones que se ofrecen en el actual boom de redes sociales, es la de tratar de descifrar algún tipo de código o patrón que me permita entender lo que dicen y escriben las personas ahí versus lo que realmente hacen en su vida real.

Tras volver a los espacios de puteo socialización que existen por la Internet, recordaba cómo es volver al ruedo y tener que encontrarse con el a veces simple -pero complejo- asunto de tratar de interactuar con los internautas sin salir despellejado y odiado al no poder complacer satisfactoriamente las necesidades de la gran mayoría que hay ahí, o cargado en hombros si lo que dijiste e hiciste justo dio en el clavo del otro (literal).

Me puse a revisar la mayoría de interacciones que tuve en estos días, así a simple vista y a vuelo de pájaro y considere que este tipo de "cortejo" virtual sigue sistemáticamente unos pasos, a saber:

1. El más común y más evidente es la típica entrevista "laboral" a la que todos nos sometemos cuando empezamos a chatear con alguien. Me parece cómico y lo asocio a una entrevista, pues cuenta con los ingredientes propios de una reunión de esa índole: una hoja de vida (llámese perfil) que reúne en resumen algunos elementos propios de quien se va a someter al proceso; una foto principal, edad, características importantes a considerar (estatura, peso, complexión, color de ojos y de cabello, situación sentimental...), el rol (importante), a veces también considera el trabajo que tienes, sitio de vivienda, disponibilidad, idiomas, entre otros que varían de acuerdo a la página donde se consigna la información. Yo creo que los que han tenido una entrevista de trabajo, saben a qué me refiero con tratar de tener un perfil actualizado con el fin de poder ser más llamativo y así poder lograr tener el "empleo de ensueño", o de lo contrario tristemente no será considerado para el cargo.

2. Ya superada esa primera (y casi importante) etapa de preguntas filtro, estamos en esa bifurcación que decide si el perfil interesa y sigue el proceso o se queda hasta ahí por no cumplir todos los requisitos. De acuerdo a la necesidad, varían las entrevistas, pero todas llegan acá; una afirmativa a la pregunta  "¿Tienes Whastapp?" es un sí rotundo a una oportunidad  de seguir con el proceso de selección (nótese la emoción cuando te llega el número telefónico y que sea real, claro está).

3. En una charla más privada, se explica con más detalle el motivo de lo que se quiere lograr acá. A veces pensando que lo mejor está por venir, puede que suceda algo milagroso y puede que se cumpla donde se digan cosas agradables y donde se empiece a conocer a una persona que pasó de ser un entrevistado a alguien más agradable. A veces la sorpresa es grata, porque en efecto logramos traspasar la barrera del cliché y llegamos a conocer alguien sumamente interesante… ¡Casi un sueño!

4. La decepción llega a medida que lo que uno creía que podía ser algo especial, tal vez cae en el círculo vicioso de preguntas tontas y de historias de fantasía que pretenden alimentar una convicción casi floja de lo que desean. Es cómico ver que todos buscan amor, príncipes azules, historias de Disney con finales felices, incluso, también está los casos de buscar sexo, “quien me clave rico hoy”, pero la verdad ni para eso a veces logramos llegar a ser convincentes. Qué necesidad tenemos de inventar y de tratar de recrear pasajes interesantes si el final será tétrico y patético, porque así somos y tenemos que disfrazar las intenciones con lindos eufemismos.

5. Y así, tras tener una incómoda charla que duró lo necesario, vuelve a quedar en silencio el espacio virtual donde empezamos a conversar. Muchas personas se quedan ahí, a veces no necesito que pasen del perfil porque es evidente que lo que buscan es algo tan grotesco como las fotos que los acompaña. Al final, pensé que el error está en buscar algo que puede que simplemente, por acción espontánea, pueda llegar a surgir.

Nos entregamos al tiempo y al ocio de dedicarnos a gastar parte de nuestros minutos en personas que nos parecían agradables y que al final se limitan en quedar como simples perfiles que tal vez ni si quieran puedan ser reales. Pero qué más da, si al final de cuentas la libertad de las redes no propone reglas estrictas sobre cómo deben ser las dinámicas sociales. No necesito ver la gran cantidad de charlas –sin alardear- que tuve para ver el mismo patrón: preguntas, whatsapp, emoción inicial, decepción evidente, final.

Sin embargo, como todo no puede ser decepcionante, puedo alardear que de toda esa cantidad son muy pocos los que realmente te sorprenden. Tal vez de momento no hay mucho que decir, el inicio es más que un paso para muchas cosas que pueden pasar en el camino. Sin embargo, es agradable creer que aunque existen distancias, o charlas cortas, hay personas que te sorprenden. No se necesita ser un genio –tal vez un ingeniero jeje- para lograr captar la atención de una forma diferente a las demás. O a veces no necesitas estar acá al lado, para demostrar desde la distancia que lo diferente puede ser lo único interesante, que no necesitas de fotos raras, de comentarios soeces, de ideas trilladas, para sentir que es algo especial.

De momento me siento tranquilo, con la oportunidad de poder creer que hay gente diferente allá. No significa que sea algo pasajero, o que tenga que ser eterno, pero la diferencia vale la pena rescatarla.

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