martes, 22 de septiembre de 2015

Tumbando barreras

Desde unos años atrás, justamente para la época en que pude vivir algo de independencia y lejos de casa, empecé a cultivar mi mente en ser más tolerante y en tumbar barreras que uno se crea debido a temas propios de la cultura y de la sociedad donde convivimos. En la actualidad, la sexualidad es un tema que sigue generando controversia y tabú en el público en general, pero la gente dentro del sector LGBT (y las demás letras) deberían ser los que hubiesen madurado la idea de que las barreras de la sexualidad, los placeres y las perversiones son umbrales más y más amplios como la misma mente humana: es de reconocer que con el trascurrir del tiempo y de las generaciones, el sexo y todo lo que conlleva ha superado el simple hecho de la copulación (como acto reproductivo propio de los heterosexuales) para convertirse en todo un mundo de posibilidades en la búsqueda del placer. Sin embargo, reconozco que gracias a las oportunidad de haber conocido nuevas culturas, nuevos países y nuevas perspectivas, me he dado una visión más global sobre la sexualidad y la forma como interactuamos entre nosotros y que aun a muchos todavía les cuesta entender: temas referentes a la perversión y el placer, las parafilias, los poliamores, las relaciones abiertas, entre muchas otras.

Ahora, estando soltero y considerando dicho estado en permanencia, me he dado la oportunidad de dar probadas a ciertos sabores que tal vez antes no había tenido el placer de deleitar: no es una búsqueda mal intencionada sobre el amor o de justificar algunos sentimientos con el fin de conseguir algo con alguien, pero si es el de dar rienda suelta a la picardía que tenía escondida y que tras poder experimentar ciertas situaciones que jamás hubiese pensado vivir, descubrí que a lo mejor me gustan más de lo pensado.

Pero el asunto de todo esto no está en saber qué tanto he podido hacer en el transcurso de mi vida y con quien -o quienes- y cuantas veces lo he hecho, sino en ver que muchas veces nos enfocamos tanto en tildar cuán mal visto puede ser algo diferente a lo conocido, que nos encerramos en pensar que lo básico es lo necesario y que así debemos ser felices, y nos cohibimos en descubrir nuestras barreras e incluso nos autocastigamos si llegamos a considerar que hacer algo más impulsivo puede ser aberrante o degenerado. Y pregunto yo, ¿acaso dichas limitaciones existen por qué nosotros nos las impusimos, o tal vez por qué pensamos que los demás verían erradas dichas conductas?

En una reflexión hecha y dadas mis experiencias y lo escuchado, deduje que la mayoría de veces las limitaciones existen pensando en los demás y sus posibles respuestas: es irónico que todavía en el ámbito gay se piense, por ejemplo, que el gay en una relación es pasivo debe ser el femenino o el menos masculino y por ello entonces debamos sentir la necesidad de afirmar que al menos somos versátiles o activos para no poder en duda la hombría de cada quien. O tal vez que las relaciones abiertas justifican la promiscuidad, usando el término como algo despectivo o negativo: ¿y si así se concibe la felicidad, la estabilidad, la plenitud, y si es un tema que se maneja con responsabilidad y con protección? O también creer que se puede juzgar si no quiere una relación, que quiere una etapa de libertad y de libertinaje si es el caso, ¿y si lo hace consiente, y si las cosas las deja claras desde el principio para no incomodar, para no ilusionar, para ser concretos?

Y eso lo digo desde los ejemplos comunes, porque si empezamos a hablar de perversiones y parafilias más interesantes como las orgias o sexo en grupo, el voyerismo, el sadomasoquismo, el frotismo, el cruising, entre otros el asunto es más escandaloso y con menos posibilidades de hablar. Aunque no soy un usuario experto en dichas áreas y otras ni las he practicado, al menos me tomé la tarea de escuchar y entender el porqué de hacerlo y saber de experiencia de conocedores, que manifiestan que el morbo y el placer es mayor que concibiendo el morbo convencional. Es de entender que la mente humana no interpone límites y que la diversidad permite explorar diferentes formas de sentir y de percibir el placer; pero lo triste es que la misma mente humana a veces se limite en creer que solamente lo convencional y lo políticamente correcto es lo aceptable y tachamos lo demás como aberrante.

Estos días comentando mis experiencias con algunos amigos y compañeros, se sorprendían y algunos se escandalizaban al creer que uno pueda llegar a hacer cosas que tal vez son inimaginables. El hecho es que si es posible, pero muchos anteponían el tabú social y su manifiesto de pensar que ellos son más sanos al ser más tradicionales, como si fuese entonces que uno fuera enfermo al poder acceder a una práctica no tan común o no aceptada según lo establecido socialmente. He pensado que nuestra cultura es muy tradicionalista, mojigata y también heterosexista: con las tradiciones de por medio, los temas de la religión y parte de la cultura machista, gran parte de la sociedad consideran aberrante el sexo entre dos hombres, y alguna parte de la comunidad gay también lo considera así, por cuestiones de tener una doble vida o de defender la masculinidad (vista desde una posición heterosexual). Entonces pensemos que de ahí en adelante lo demás será considerado incluso escatológico, como hubiese dicho alguna vez un Senador Colombiano de una plenaria del Senado.

El problema, como la mayoría que existen y giran en torno a estos temas, es por falta de tolerancia y de conocimiento: obvio que acá no pretendo aprobar o apoyar una u otra práctica, pues realmente es quienes se atreven a vivirlas los que pueden juzgar con criterio sobre qué tan bueno o no fue, además de que cada percepción es tan subjetiva que tal vez lo que para uno fue absolutamente placentero para el otro fue totalmente desagradable. Sin embargo, si invito a pensar un poco antes de juzgar sobre estos temas que para algunos serán novedad, o para otros es un tema común y corriente. Pero no está de más, ver que nosotros somos humanos y tenemos una razón inminente, pero también contamos con esa animal llamada instinto, aquello que impulsa y motiva a complacer -si se puede definir así- ese lado carnal de cada uno de nosotros.

E igual, el tema más allá de hacer o no, es a ser comprensivos, y si al menos no nos interesa en absoluto, es el de no lapidar o insultar una idea que parece diferente, si justamente nosotros -esa inmensa minoría- ya no somos tan comunes que los demás. Eduquemos a ver la diversidad como una gran propiedad humana y disfrutemos todo el abanico de oportunidades para satisfacer nuestro cuerpo de una forma diferente y de poder vivir nuestra sexualidad: tal vez la falta de amarnos y de aceptarnos y cuidarnos y de disfrutar a plenitud es parte del gran problema social referente a la intolerancia y al odio entre nosotros mismos.

1 comentario:

jorge ignacio monsalve dijo...

Una de las cuestiones es que no todos vamos al mismo ritmo... Algunos descubrimos nuestra sexualidad tarde cuando ya tenemos una carga cultura fuerte con conceptos morales y éticos infundados por nuestro entorno social el cual niños permite llevar nuestro erotismo a su mejor expresión somos castrados por una cultura que ve la sexualidad y su erotismo con fin reproductivo...
Como escapar de nuestros miedos y formas cuadriculadas de ver y pensar
Gracias por un buen escrito